lunes, 7 de diciembre de 2009

INSTITUTO DÆDALOS
PARA LA SALUD Y EL BIENESTAR EMOCIONAL


Web: http://www.institutodaedalos.com/talleres.htm
Blog: http://www.institutodaedalos.blogspot.com/

Horarios de Atención:
Lun - Vier 2:30 - 8:30 p.m. / Sáb. 8:30 - 1:30 p.m


Teléfono: 242-6940 Celular: 9977-2-184


TALLER DE VERANO: Jugando para vivir

El taller tiene como objetivo que su hijo(a) encuentre herramientas útiles
para desenvolverse y adaptarse a las experiencias y límites que su edad le presenta,

1. Reconociendo y aceptando sus emociones

2. Transformando sus frustraciones.

3. Descubriendo y potencializando sus habilidades

Temas a trabajar:

1. Inteligencias Múltiples: emocional, musical, corporal, ecológica, interpersonal, verbal, lógica-matemático, etc.

2. Atención - Concentración: seguimiento de instrucciones, tiempo adecuado de trabajo, retención de información, etc.

3. Autoestima: personal, familiar, académica y social.

4. Habilidades sociales

Presentado por: Melany Cachay Méndez y Gisella Vargas de los Ríos

Dirigido a: Niños y Niñas de 6 a 10 años

Duración: 9 semanas (10 sesiones, una vez por semana)

Horarios: Sábados de Enero y Febrero del 2010 (11:30 a 1:00 p.m.)

Fecha de Inicio: Sábado 09 de Enero

Fecha de Clausura: Sábado 27 de Febrero

Lugar: Carlos E. Ferreyros 1008 Corpac San Isidro

Inversión: S/.400.00 por niño (incluye materiales)

* Promoción: Inscripciones hasta el 31 de Diciembre con un 10% de descuento.

Vacantes limitadas

Los pagos se realizan en:

Banco de Crédito:
Soles: 193-1559367-0-80
Dólares: 194-1576632-1-84

Código Interbancario:
Soles: 002-193-001559367080-13
Dólares: 002-194-001576632184-96

El juego en / de / con los niños

Dos niños están jugando al papá y a la mamá, representando los papeles de esposo y esposa.
Ana: (mirando un caballito de madera) “Tengo que irme”
Felipe: “¿Ir?”
Ana: “Ir a trabajar”
Felipe: “No, tú cocina”
Ana: “No puedo cocinar, tengo que ir a trabajar” (Se sube al caballo y empieza a mecerse)
Felipe: “No, tú cocinas y haces cosas. Yo iré a trabajar” (Sostiene las riendas del caballo de madera)
Ana: “Llegaré tarde al trabajo. Tú quédate y cocina”
Felipe: “¿No sabes? Tú cocinas y yo voy a trabajar”
Ana: (Tratando en vano de mecerse) “Te bajaré más adelante en mi camino al trabajo”
Felipe: (Monta el caballo detrás de Ana)


Guillermo vio a Carlos entrar emocionado y expectante en el salón de juegos para niños de 3 y 4 años. Corrió hacia él, ansioso por jugar, y tomándolo por las rodillas lo tumbó con gran estrépito. Carlos lloró y trató de desprenderse. Con profunda tristeza Guillermo dijo: “No quiere jugar conmigo”.

En la primera viñeta, el juego de los niños casi se frustra por tener una idea distinta de los papeles que estaban representando. Felizmente, consiguieron coincidir en algo: ir al trabajo en el caballo, aunque no comprendieron el problema de su distinta percepción del papel de la esposa. La madre de Ana había trabajado durante los primeros 4 años de vida de ella y la madre de Felipe era ama de casa. Ambos niños encontraron la manera de conciliar sus puntos de vista y continuaron el juego, aunque sin comprender sus diferencias ni los tipos de familias.

En la segunda viñeta, vemos una típica escena social en niños pequeños, el egocentrismo, que no es el ensimismamiento en uno mismo, sino representa la dificultad de pensar en el otro como un individuo distinto y particular de uno mismo. Así Guillermo intentó jugar, a su modo, con Carlos y el mensaje no fue bien recibido por el segundo quien más bien se vio en una situación bastante amenazadora y descontrolada.

El juego es una actividad común y compleja a la vez, que predomina en la niñez temprana, sin dejar de constituir un terreno común de los intercambios sociales a medida que el niño va madurando.

Aunque es difícil definir el juego posee características evidentes:
- Es esencialmente placentero
- El niño participa activamente
- Es intrínsecamente motivador, es decir, es un fin en sí mismo
- Es voluntario
- Es no literal, es decir, no es algo serio ni de mucha importancia desde la perspectiva del niño
- Los participantes son quienes determinan el carácter de juego

Juego y desarrollo emocional
Al parecer, el niño que disfruta el juego y que juega con mayor frecuencia es más feliz que quienes juegan poco. Es divertido estar con él, goza de mayor aceptación y popularidad que los menos diestros. Con el juego imaginario se consigue integrar el temperamento, la experiencia y los conceptos que le ayudan al niño a entender la importantísima pregunta: “¿Quién soy?”

La selección de los papeles representados por el niño refleja su inquietud por las relaciones ligadas a la crianza y manutención, por la dicotomía agresor/víctima, por el bien y el mal, etc. En el caso de los niños de mayor edad, refleja el interés por sus fantasías más temidas.

Por medio del juego el niño desvalido y de baja estatura puede convertirse e una persona fuerte y poderosa, el niño tímido en una persona valiente, el niño sumiso quizá finja ser un verdadero tirano. Los niños exploran emocionalmente los temas más emotivos, manteniendo al mismo tiempo cierta distancia respecto a ellos mismos.

El juego impulsa al crecimiento emocional porque permite afrontar los conflictos o existencias dentro de un contexto neutral. Los niños pequeños demuestran o aprenden emociones, así como la manera de expresarlas y controlarlas. La práctica en la interpretación de las manifestaciones emocionales de los otros durante el juega mejora su competencia emocional. En el juego imaginario uno puede fingir impunemente dolor, ira, preocupación, miedo, amor y desaliento. El juego permite moldear las experiencias personales, además de explorar alternativas y posibilidades antes de adoptar una solución.

Al jugar con otros, el niño aprende a relacionarse en una situación donde se siente seguro y “nada es verdad” y adquiere una sensación de poder y control al manipular objetos y estímulos para su provecho. La retroalimentación directa que le brindan otros y el éxito con algunos materiales contribuye al desarrollo de la autoidentidad como alguien que influye en el mundo.

* Texto adaptado del libro Desarrollo Social de los niños de Marjorie Kostelnik (2009)

Aprendiendo a leer

“No leí un libro completo hasta los 12 años. Ahora les leo a mis hijos
en parte para leer todos los libros que no leí de niño” (Luis, 41 años)

Si se detiene a considerar lo que implica aprender a leer, no debería de sorprenderle que su hijo necesite su ayuda para convertirse en lector de por vida.
Entre los cuatro y los nueve años, su hijo tendrá que dominar unas cuantas reglas fonéticas, aprender a reconocer tres mil palabras de una mirada y desarrollas una cómoda velocidad de lectura cercana a las cien palabras por minuto. Debe aprender a combinar las palabras que están en la página con una media docena de rayitas llamadas signos de puntuación para convertirlas en algo – una voz o una imagen en su mente – que represente un significado.
Este es sólo el comienzo. Entre los nueve y los quince años, su hijo tendrá que duplicar esa velocidad de lectura, expandir su vocabulario reconocido a cincuenta mil palabras, aprender a pasar la vista por encima de algunas secciones del texto y a detenerse para estudiar otras, todo mientras simultáneamente cuestiona el texto y aprecia el arte del autor. El novelista John Steinbeck resumió la tarea de aprender a leer como “el mayor esfuerzo que emprende la mente humana, y debe hacerlo cuando es un niño”.
Pero, su hijo no puede ni podrá hacerlo solo. Para convertirse en un verdadero lector, su hijo lo/la necesita. Su hijo necesita unos padres que:

- Le leerá
- Lo escuchará leer cuando sea pequeño
- Le hablará sobre la lectura cuando es más grande
- Dispondrá de un momento tranquilo de manera que la lectura pueda tener lugar
- Comprará o pedirá prestado libros y otra materiales de lectura
- Colaborará con los maestros de la escuela
- Servirá como modelo de lectura e interés en los libros en la edad adulta

Sin usted, es improbable que su hijo desarrolle las actitudes que hacen que la lectura sea fácil y divertida. Sin usted, su hijo puede caer en esa disminución de la lectura del cuarto año que afecta a un tercio de nuestros niños. Sin usted, su hijo muy bien puede perder el interés en la lectura de los doce o trece años, precisamente cuando es capaz de avanzar hacia los libros adultos. Sin usted, es improbable que su hijo se convierta en un lector de por vida.

Desgraciadamente, aprender a leer no es una tarea fácil. No es como aprender a caminar, por ejemplo, porque el instinto específico de la lectura no es parte de nuestra composición genética. Aprender a leer tampoco es como aprender a patear una pelota o a tocar el piano. Si los niños muestran poca habilidad para el fútbol o para la música, sabemos que la vida ofrece muchas otras salidas para su energía y creatividad, pero si los niños no aprenden a leer, virtualmente serán inválidos cuando intenten enfrentarse a la vida moderna.

En una época, por supuesto, la capacidad de leer era necesaria sólo para un limitado número de la población. A los reyes y reinas medievales se les leían las cartas y manuscritos. Los campesinos medievales vivían en un mundo de lenguaje hablado y tenían pocas razones para aprender a leer. Hasta el siglo XIX, menos de una persona de cada diez era capaz de leer, aun en los países occidentales. Cuando las novelas de Charles Dickens aparecieron por primera vez en 1830, no fueron arrebatadas por masas de ingleses ansiosos por el último best-seller. Eran compradas por entregas, como revistas, por familias y grupos de amigos que quizá tenían entre ellos a un “lector”. Era la tarea del lector leer el libro en voz alta al resto de la familia o a los compañeros en el trabajo o en la taberna.

A lo largo de la mayor parte de la historia, la lectura se ha hecho en voz alta. Relatos renacentista sobre la biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford comentan el ruido hecho por docenas de eruditos todos leyendo en voz alta al mismo tiempo. La lectura silenciosa fue una invención de la era victoriana.

La mayoría de los educadores saben que leer los libros en voz alta es muy importante para los niños pequeños. De acuerdo con un estudios hecho en 1991 por el departamento de comunicaciones de Canadá, casi dos tercios de todas las familias con niños de menos de catorce años dicen que encuentran tiempo para leer en voz alta con regularidad. Se informa que estas familias emplean un promedio de 22 minutos al día en leer o en escuchar leer a sus hijos o en comentar lo que se está leyendo.

Tristemente, el mismo estudio revela el tiempo familiar pasado en la lectura conjunta declina rápidamente a medida que los niños crecen. Aparentemente, sólo una fracción diminuta de las familias lee en voz alta juntos durante más de unos pocos años en la vida del niño. Los padres están demasiado ocupados, cansados o les parece más fácil encender la tele o poner un video.

Se deben evitar estas conductas, ya que no interesa dónde lea, cuándo lea o lo bien que lea. Todos los padres son los mejores lectores para sus propios hijos. Lo que sí es importante es que los padres lean con su hijo y no que le lea a su hijo. La hora de la lectura no es simplemente el momento de abrir un libro y leer en voz alta. Es el momento de abrir un libro para compartir la lectura y las ideas.

Puesto que la lectura puede ser una experiencia social y de encuentro, ésta siempre debería de estar acompañada de abrazos, conversación, bromas, preguntas y respuestas. Especialmente para los niños mayores algunas de las experiencias más valiosas de la lectura no son la lectura en sí.

Muchas familias pueden estar atravesando por situaciones de crisis – separaciones, divorcios, duelos, desempleos. En estas situaciones, la hora de la lectura puede ser un punto único y estable en medio de tanto caos emocional.

* Texto adaptado del libro “Cómo fomentar la lectura en los niños” (1994) de Paul Kropp.

lunes, 30 de noviembre de 2009

¿Qué nos dice el aislamiento adolescente?

“Mi hijo se encierra en su cuarto todo el día, casi ni lo vemos por estar con la computadora”


Actualmente, con todos los cambios veloces y las presiones (estudios, amigos, padres, pareja) a los que se ven sometidos los adolescentes, se nota mayor tendencia a desarrollar más presiones internas. Es decir, el adolescente genera expectativas personales muy grandes y difíciles de satisfacer, así mismo espera cumplir con muchas cosas a la vez y no fallar en ninguna. Probablemente esta situación sea la causa más importante para que se den conductas de aislamiento y encierro, en las que se permite salir de su cuarto o de la computadora para lo mínimo indispensable como las clases y una que otra reunión con los amigos.

Si bien es cierto, el adolescente que muestra este tipo de comportamiento, socializa menos – pensando de manera tradicional, ya que puede tener miles de amigos virtuales alrededor del mundo –, sien embargo, el que presente estas conductas también puede ser una manera de protegerse frente a toda la estimulación y presiones sociales externas.

Es aquí donde la idea de conocer gente y tener muchas redes y grupos de amigos virtuales que nunca se llegan a conocer y hasta encontrar alguien virtual de quien enamorarse parece una salida bastante fácil y cómoda, ya que el tener relaciones humanas puede llegar a sentirse de manera amenazante, sin embargo el adolescente corre el riesgo de sentirse más solo.

Ahora bien, hasta hace unos años los hijos podían contar con sus padres como figuras de referencia, de apoyo. No era raro que ante cualquier lío entre chicos en el colegio, uno le dijera a otro “Le voy a decir a mí papá que me estás molestando para que venga” o “fulanito me pegó y yo le dije: “Ahora te voy a traer a mi papá””. Aquí claramente, el padre era visto y sentido como esta figura protectora que defendía sin pensarlo dos veces.

Actualmente, esto ha cambiado de manera radical y si algún chico se atreve a decir alguno de los ejemplos del párrafo anterior, probablemente le responderían “Ay, vas a traer a tu papá? Tremendo manganzón!”, aunque el chico tenga 5 años. Este tipo de “recurso” ya no es aceptable. Ahora más bien los chicos se manejan con la idea de tener que defenderse solos.

Ante esto, nuevamente caemos en el tema del sentimiento de soledad, de tener que afrontar todo - bueno, malo o regular - como se pueda y de manera individual. Aparentemente, todo queda centrado en uno mismo y aunque esto es parte de nuestra época, al adolescente no le queda más que arreglárselas, pero muchas de las veces llega a una adaptación forzada, automatizándose o incitándolo a que busque encerrarse más como forma de protección.

Es por esto que, es sumamente importante que los padres, cuidadores y profesores de adolescentes tengan presente que si bien es cierto el adolescente necesita de límites claros y espacio personal para el fomento de la construcción de su identidad, es sumamente importante acogerlo en aquellos momentos de regresión y ayudarlo, lo pida o no, sin fomentar en él sentimientos de vergüenza cuando necesite del apoyo, consejo o guía de lo demás.

Una imagen vale más que mil palabras Inquietudes de los adolescentes en relación al cuerpo

“Mira mis cuadraditos ¿Se me notan?” (Luciano, 17 años)
“Que regia que estás ¿Cómo haces para estar tan flaca?” (Alejandra, 15 años)

Definitivamente, de un tiempo a esta parte, el cuerpo se ha vuelto un tema muy importante para todos. Específicamente en los adolescentes, vemos como se imponen ciertas conductas “esperadas”: el gym, la dieta, las comidas bajas en calorías, la nutricionista, las cirugías, el spa, la ropa, las tallas, la anorexia, la bulimia, etc.

Otro factor es la sobrevaloración del tiempo, el “ahora” se ha convertido en “ahorita”. Cada vez es más difícil ser tolerantes y no buscar el placer o la satisfacción inmediata. Por ejemplo, en el caso de chicos obesos o con sobrepeso, por lo general no se piensa en un proceso y tiempo sostenido para que empiece a perder peso, sino más bien se piensa en dónde y con quién llevarlo para que adelgace en dos meses, o el mismo adolescente busca en Internet una dieta que promete bajarle de seis a diez kilos en una semana.

Podríamos decir que esta “preocupación” muchas veces está fuera de control y se convierte en “ansiedad y angustia” relacionada al cuerpo, la cual va en busca del “cuerpo perfecto”, de la “imagen perfecta”.

La mayoría de adolescentes pueden llegar a sufrir y caer en depresión o trastornos de ansiedad si es que sienten que no encajan en este molde de “perfección” esperado. Ante esto, pueden sentirse sumamente presionados por actuar y tener una imagen determinada de la manera más rápida y efectiva posible, sin pensar en su salud o en las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, hay adolescentes mujeres que están tan obsesionadas en no ganar peso que comen una vez al día y solo lo mínimo indispensable, sin saber que pueden desarrollar un cuadro de anemia, sentirse de mal humor y muy cansadas todo el tiempo.

El adolescente que tienda a rechazar o simplemente mostrar poco interés por estos parámetros puede ser catalogado por los demás como el “raro”, “nerd”, “loser”, “maricón”, etc. Los adolescentes con mayor fuerza interna o seguridad personal pueden sortear estas agresiones de mejor manera, los más sensibles o inseguros probablemente desarrollen sentimientos intensos de rabia, frustración, tristeza e inadecuación.

Es importante que tanto padres como profesores estén pendientes de aquellos cambios de humor o conducta en los adolescentes, buscar un espacio y conversar con ellos.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Todo o nada: la comida y los adolescentes

“Ayer no pude más con la dieta y me comí todo
lo que encontré en la refri” (Camila, 16 años)

“Puedo pasarme todo el día comiendo papitas y cualquier cosa sin
culpa porque sé que iré al gym más tarde” (Paola, 15 años)

Aparentemente, la actual generación de adolescentes se muestra más propensa a presentar conductas adictivas y con esto no sólo nos referimos al tema de drogas legales e ilegales, también abarca los rituales de compras, rutinas de ejercicios, hábitos de alimentación, tiempo invertido frente de la computadora, etc.

Si nos centramos específicamente en el tema de la comida, vemos dos polos sumamente marcados, por un lado tenemos el tema de comer de todo – de todas maneras se va a matar en el gym – y en el otro extremo tenemos los trastornos de alimentación, que podríamos decir que empiezan con la idea de “no comer de más”, que muchas veces termina convirtiéndose en “no comer nada” y en el ínterin “como, pero vomito”.

Al parecer, el comer se ha vuelto una experiencia de suma importancia, no solo porque hemos demostrado que somos un país con una gran cultura culinaria, o porque al peruano le guste comer bien, sino porque ahora todos, de alguna u otra manera, estamos enganchado a dietas y regimenes. Lo beneficioso de esto es que se maneja mayor y mejor información sobre lo nutricional, cosa que antes no ocurría y se comía lo que habían preparado en casa sin chistar. Sin embargo, lo desventajoso es que ahora se le da miles de vueltas a qué se come y qué no se come, lo cual puede llegar a ser muy dañino psicológicamente hablando.

Si bien es cierto, estas conductas se pueden presentar tanto en varones como en mujeres, existen diferencias. En las mujeres, por ejemplo, el tema de la preocupación por la alimentación y las calorías es más marcado y pueden hacer más uso de los famosos batidos, las pastillas o los parches para bajar de peso. Por su parte, los varones tienden más a ir al gimnasio, entrenar algún deporte o hacer alguna actividad física de manera intensa, sin restringir mucho lo que comen.

Cómo apoyar a su hijo adolescente en su relación con la comida:
  • Escuchar lo que piensa, informarse sobre las ideas que él tiene y derribar los mitos.
  • Ahondar las causas de sus preocupaciones, por ejemplo es diferente el adolescente que deja de comer papitas fritas por temor al acné al que deja de comer drásticamente todo alimento cocinado con aceite por temor a ganar peso.
  • Estar muy atento a los métodos que utilizan para bajar de peso, especialmente si se trata de batidos, pastillas o dietas que ellos mismos han conseguido o han sido recomendados por amigos.
  • Si no llegan a un acuerdo de lo que se tiene que comer, pueden ir donde un nutricionista e informarse.
  • Con respecto al deporte, siempre es bueno tener alguna actividad física, pero pueden negociar las horas que se le dedica. Así como, salir a correr o montar bicicleta junto con su hijo.
  • Si usted presiente que su hijo adolescente ha dejado de ser “fastidiosito” para comer, para convertirse en inapetente o hambriento sin razón aparente, es recomendable que conversen con un especialista para que evalúe la situación.

Terminé el colegio…. Y ahora?

¿Se puede realmente afirmar que los adolescentes se están adaptando a los grandes e inmediatos cambios que nos trae la actualidad?
En apariencia pueden mostrarse llenos de ganas de hacer cosas y muy activos, pero existen también muchos adolescentes desadaptados que buscan aislarse porque no soportan el caos, la velocidad de los cambios y no pueden sobrellevar las situaciones diarias.

En definitiva, los adolescentes ahora sienten que tienen que correr para adaptarse a los cambios y aparentemente se adaptan, pero la velocidad de los cambios implica para ellos también una serie de expectativas que permanentemente sienten que no llegan a cumplir. Cuando se dan cuenta que no pueden con todo, se presentan en ellos una serie de angustias profundas.

Ahora, una de las tareas del adolescente es la des-idealización de los padres. Sin embargo, al haber una des-idealización masiva actual - el padre no tiene la capacidad tecnológica que tiene el hijo, el padre no está al ritmo del hijo – puede presentarse la sensación de carecer de modelos adultos que sean referentes de seguridad y fuerza que permitan al adolescente sentirse con cierta base para poder luchar y diferenciarse, con el fin de construir su identidad. Ante esto, surgen nuevos referentes: las maquinas y sus modelos de inmediatez, renovación constante, innovación. Así como puede ser el modelo de “la estrella de Hollywood” o el yuppie con mucho dinero sin mayor esfuerzo.

Podemos ver que la línea de conexión de estos nuevos referentes es la urgencia, en donde tomarse un tiempo para pensar, analizar queda por debajo de la necesidad de “ir en contra del tiempo”.

Por otro lado, el adolescente de hoy siente mayor libertad en todos los ámbitos, a comparación del adolescente de hace 10 años, probablemente porque a los padres les incomoda o no saben cómo ubicarse en su rol de padres. La gran desventaja de esta sensación de libertad que pueden sentir los hijos adolescentes es que generaría una gran sensación de vacío, de confusión, de no tener nada fijo y suficientemente fuerte y seguro de dónde asirse.

Una de las pocas preocupaciones que pueden compartir padres e hijos adolescentes es la percepción del futuro. Es decir, los padres, por lo general, se angustian al sentir que sus hijos viven demasiado en el presente sin considerar el mañana, sin prever. El hijo adolescente piensa continuamente en ser exitoso y adinerado en un futuro, pero le cuesta exponer el proceso para llegar a dichas metas.

Hasta hace unos 10 ó 15 años, los padres pensaban y esperaban que sus hijos siguieran ciertas profesiones – Medicina, Derecho, Ingeniería. Actualmente, cada uno hace y deshace según sus propios criterios y sin dar mayores explicaciones. Esto sería sumamente beneficioso siempre y cuando los adolescentes no se sintieran perdidos, confundidos ante tantas y tan variadas cantidades de estimulación y salieran más maduros de los colegios.

Si bien es cierto, hay una cantidad increíble de oficios, profesiones, posibilidades, en el país, en el extranjero. Entonces, ya no es que tengas tres opciones, sino que tienes talento para una serie de opciones y si te esfuerzas un poco más puedes tener muchas opciones más. Ante esto, existen adolescentes que tienen la fuerza para decidirse, pero muchos otros se sienten mucho más perdidos, de repente porque son chicos más sensibles, de mayor fragilidad a quienes les cuesta mucho ubicarse.

Con estos adolescentes, y con el fin de que no se queden en el limbo por más tiempo del debido, la familia le puede dar la opción que empiece por lo más general y escoja entre letras y ciencias, luego puede ingresar a estudios generales e ir fogueándose y probando cursos de diferentes profesiones. Si esto no fuera posible, se le puede dar la oportunidad de ir al trabajo del padre, de un amigo o de algún familiar para que observe y se informe sobre ese trabajo. Si aun con esto, el adolescente no consigue llegar a tomar una decisión, siempre queda la opción de tener la ayuda de un profesional que pueda ayudarlo a ordenar sus ideas, preferencias y afectos.