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martes, 22 de junio de 2010

La vida del adulto mayor después de la viudez


El proceso de duelo se inicia inmediatamente después o en los meses siguientes a la muerte de un ser querido. El período de tiempo o de duración varía de persona en persona y varía dependiendo del grado de impacto en el momento de la pérdida, por la personalidad del individuo, y por los recuerdos internos y externos que se posean de la persona fallecida. Además de estar determinado por la identidad y el rol de la persona fallecida, por la edad y sexo de la persona que sufrió la pérdida, por las causas y circunstancias en que esta ocurrió, y por las circunstancias sociales y psicológicas que afectan al sobreviviente.

En la adultez mayor, es importante tener en cuenta que las reacciones del duelo serán más sostenidas en el tiempo debido a que el anciano tiene más dificultades para adaptarse a los cambios. La pérdida es el tema predominante en la vida emocional del adulto mayor. Para ellos la muerte no solo le pone término a la vida, sino que ahora está más presente que nunca. El duelo en el adulto mayor es similar al del niño, debido a que en la senectud se produce una vuelta a la dependencia.

Bowlby plantea que esa actitud de búsqueda o vuelta a la dependencia, se debe a la expresión de la respuesta instintiva a la separación que observamos en la infancia. Este impulso no solo se provoca cuando perdemos a la figura de apego más importante en cualquier etapa de la vida, sino que es específico de los seres humanos. Esto produce una disminución de la capacidad para el duelo. La dependencia que presenta el adulto mayor lo lleva a desarrollar conductas adaptativas a la pérdida. También necesitan un sustituto que les brinde seguridad, ya que la pérdida de la persona querida amenaza esta seguridad. No obstante, en otros casos, no parece haber un intento de búsqueda de sustituto, presentándose conductas autodestructivas, en un aparente intento de reunión con la persona perdida, sin mostrar signos de dolor por esta pérdida. El adulto mayor en condición de dependencia, parecería estar más preparado para su propia muerte que la del objeto de su dependencia.

Ahora bien, la viudez en esta etapa está acompañada de la soledad, entendida como la crisis que se produce por la pérdida de personas queridas. Esta es una de las experiencias más duras a las cuales se ve enfrentado el adulto mayor, el hecho de perder al ser con quien ha compartido una larga etapa de su vida. Es importante el papel que juegan los hijos en esta situación, ya que son ellos quienes deben tratar de aliviar esta soledad.

Durante el primer año de condolencia o duelo, el cónyuge puede estar deprimido, angustiado y hasta tener reacciones fóbicas. Otro punto importante a destacar es el hecho de que debido a que el ciclo de la vida de los hombres es más corto, y estos suelen ser mayores que sus esposas, la situación de viudez es más normal entre las mujeres mayores. Lo cual acarrea una serie de conflictos, no sólo por la muerte del cónyuge sino además por el hecho de tener que enfrentar ahora la vida sola.

Las mujeres viudas aprenden a funcionar en su propia casa sin la presencia de su marido. Ellas además enfrentan numerosos estresores que desafían los recursos adaptativos. También tiene fuertes fluctuaciones en sus recursos financieros. La mayoría de las mujeres siente que la pérdida del esposo es una pérdida de apoyo emocional.

Por su parte los hombres viudos, tienden a sufrir de intensa depresión luego de la muerte de sus esposas, lo cual se traduce en la búsqueda rápida de una nueva pareja para casarse. La persona viuda, entonces, debe reconstruir una identidad cuyo elemento esencial pudo haber sido la persona casada durante la mayor parte de su vida adulta.

Como una manera de tratar el proceso de duelo normal desde la terapia se debe fomentar el deporte así como también el establecer una nuevas relaciones y realizar otras actividades ajenas a lo cotidiano.

martes, 9 de marzo de 2010

Las relaciones obsesivas


Nunca se sabe qué características y particularidades personales se esconden detrás de una persona muy agradable a quién se acaba de conocer. Por ejemplo, si resulta tener características obsesivas, la relación puede convertirse en algo muy asfixiante. El desarrollar rasgos obsesivos y dominantes no es predominio de uno u otro sexo, tanto hombres como mujeres pueden mermar sus relaciones por sus características. Sin embargo, en la realidad, por cada mujer obsesiva existen diez hombres obsesivos…. Saquen su cuenta.

Esto puede explicarse porque una mujer que enfrenta una ruptura o desencuentro amoroso tiene sentimientos de dolor y despecho, mientras que el hombre, por el contrario, se asume que tiene un papel más activo en la conquista y por ello desarrolla más el “instinto” de dominio y puede tender más a las reacciones impulsivas. Generalmente, las personas son capaces de percibir que tienen obsesiones en mayor o menor grado, así como también son capaces de registrar que están siendo dominados por alguien demasiado posesivo y obsesionado.

Ahora bien, los comportamientos obsesivos no surgen esporádicamente, sino que pueden verse venir desde el primer encuentro. El ansia de información puede ser el punto de partida, desde el primer momento puede exigir el teléfono de casa, el celular y el del trabajo. También pregunta dónde está el lugar de trabajo o estudio y dónde vive la otra persona. El asedio, a partir de entonces, puede llegar a ser obsesivo con un número exagerado de llamadas, mensajes de texto o mails diarios. Además, cuando consigue entablar el contacto está molesto por la tardanza en conseguirlo.

También puede darse que desde el primer contacto se pretenda establecer un calendario de citas y busque restringir las salidas o estar presentes en todas ellas. El afán de control viene motivado por encontrar alguna pista de supuesta infidelidad de la pareja. Asimismo, les molesta no controlar cualquier situación, por ello no les gusta hablar de personas o acontecimientos importantes para la otra persona si él no participa en los mismos. Respecto a la vida sentimental pasada, suelen criticar duramente a sus antiguas parejas. Se interesan vivamente por el número de novios y amantes, y por las razones por las que mantuvo esa relación.

Pero, por su parte no explican casi nada de ellos mismos. El punto más negativo y extremo llega cuando muestran su faceta más agresiva, tras una discusión sin importancia pueden llegar a empujar o golpear a su pareja.

Algunos casos pueden ser extremos, por eso debemos tomarnos el tiempo para hacer un balance de cómo nos estamos sintiendo en esta relación, sea del tipo que sea, ya que entrar en una dinámica como la descrita en las líneas anteriores no es recomendable para nuestro bienestar emocional y mental.

domingo, 28 de febrero de 2010

Mi hijo es adoptado

A pesar que el proceso de adopción puede ser sumamente complicado y engorroso, para algunos padres no es tan intenso como el momento en el que le tienen que informar al niño que no son sus padres biológicos.

Cuando una pareja adoptan a un niño han de pensar con anterioridad el papel que van a asumir. Comunicar al hijo que es adoptado es algo que no conviene evitar. Sin embargo, no es nada fácil para muchos padres que temen la reacción y respuesta de sus hijos y se preocupan por las consecuencias o repercusiones que esto puede tener.

En ocasiones los padres adoptivos piensan que diciéndoles a sus hijos de corta edad que son adoptados les pueden provocar un gran dolor y frustración. En realidad, los problemas aumentan a medida que la revelación se retrasa. Por otra parte, es una utopía pensar que si se omite esta información el pequeño no acabará enterándose.

Que el niño se entere por otra persona de la verdad de su origen, puede crear un círculo de desconfianza, llegando incluso a pensar que el amor y el cariño que ha recibido hasta el momento forma parte de la mentira que ha estado viviendo.

Cuando el niño empieza a preguntar de dónde viene o cómo nació es adecuado contestar con la mayor naturalidad posible con la verdad. Cuanto más pequeño sea el niño, mejor interiorizará este sentimiento y más se familiarizará con la palabra adopción.

Se le puede decir que se formó en la barriga de una mujer y que lo acogieron porque querían tener un hijo como él. Será conveniente que se le transmita todo el cariño y amor que le tienen y la alegría que ha llevado a sus vidas. Es probable que el niño tenga muchas preguntas por resolver, como: por qué no está con sus padres biológicos, y podrá crear muchas fantasía imaginando qué puedo haber pasado para que lo dejaran con otras personas: que le abandonaron por ser malo o porque no lo querían. Para contrarrestar esto, los padres adoptivos pueden hablar del tema, de forma que el niño lo vea como algo natural. Así le ayudarán a destapar sus posibles pensamientos y miedos.

Cuando los niños adoptados llegan a la adolescencia, empiezan a pensar y filosofar sobre su existencia, como cualquier adolescente, y tienen una necesidad incondicional de buscar sus raíces para sentirse mejor con ellos mismos, ya que pueden tener una sensación de vacío o de que les falta algo.

Cuando los hijos quieren saber más sobre sus orígenes, sería adecuado que los padres le cuenten todo lo que saben. Lo mejor es hablar positivamente de sus padres biológicos y no ocultar, en caso de que estos estén vivos, la existencia de los mismos. Éste será un momento en el que los padres deben mantenerse al lado de su hijo. No deben pensar que por querer saber más sobre sus raíces o por querer conocer a sus padres va a dejar de quererlos, sino que es una necesidad que irremediablemente sentirá y necesitará que sea satisfecha.

Los padres deben estar preparados para las recriminaciones que sus hijos adoptivos puedan hacerles, éstas forman parte de las inseguridades típicas de la adolescencia. No es raro que el hijo le eche en cara a los padres cosas como que si ellos hubieran podido tener hijos él no estaría ahí o que lo adoptaron por compasión. Es importante que aunque sean preguntas que puedan resultar duras, el adolescente pueda exteriorizarlas, para que no creen en su interior un conflicto o caos.

En caso de que los padres no se sientan suficientemente capaces de tratar este tema con su hijo, es necesario que busquen la ayuda de un especialista para que les ayude a hacer frente a la situación y a ver las cosas de forma más natural.

lunes, 22 de febrero de 2010

Amigos con derecho a….

Todo está bien claro: son amigos, nada más. Sin embargo, de vez en cuando, o quizás a menudo, la cosa toma un matiz diferente porque el sexo y la pasión entran en escena.

Han decidido de manera consciente y con gran seguridad, mantener una relación de amistad y de sexo. Son amigos, se caen bien, se ríen y disfrutan estar juntos. El sexo no es sino otra forma de disfrutar de su compañía y afinidad. No hay compromiso alguno. Todo está bien claro, han hablado de ello y las cosas no se prestan a ambigüedades.

Una sociedad que valora la independencia y la fomenta, capitalista y competitiva, donde habitualmente convergen el estrés y la cualificación, y donde el bienestar y el ocio son valores máximos, es el caldo de cultivo perfecto para este tipo de relaciones.

A pesar de su popularización, este tipo de vínculos cargan con un gran cúmulo de mitos y creencias que no siempre son ciertas. La naturaleza de una relación depende de la actitud que los integrantes manifiesten y no tanto del tipo de lazos que los unan. Algunos mitos son:

Estas relaciones son poco profundas: Debemos tener en cuenta que ambas personas se conocen y se aprecian, saben lo que les gusta y están de acuerdo en mantener una relación de este tipo. La sexualidad es, a menudo, una forma perfectamente lícita, para disfrutar de su amistad y conocerse con mayor profundidad.

Estas parejas se dejan llevar únicamente por la impulsividad y desenfreno: Las cosas están sobre la mesa, todo está claro entre los dos y es fruto de una decisión madura y consciente.

Su origen se encuentra en un miedo al compromiso: Comprometerse es tomar una decisión que habitualmente supone un gran cambio en la vida. Tomar estas decisiones a la ligera y sin estar preparado es inconveniente e incluso irresponsable.

Una relación de este tipo es siempre insatisfactoria: No tiene porqué, ya que se basan en un conocimiento de la otra persona y el respeto mutuo.

¿Qué ventajas tienen?
Hemos dicho que estas relaciones son un fruto de nuestra sociedad y de nuestra época, por ello las ventajas que presentan están íntimamente ligadas a la adecuación a su situación y las exigencias de su entorno. Estas personas valoran su independencia y actúan en consecuencia. Aprecian profundamente sus estudios y su trabajo, por lo que no creen conveniente limitar su desempeño ante las exigencias de una relación más tradicional.

¿Y las dificultades?
Las personas no somos máquinas. Por muy claras que estén las cosas siempre somos susceptibles a fuertes afectos o irracionalidades. Visto esto, las dificultades más frecuentes son:

La aparición de una tercera persona, ya que supone la necesidad de redefinir la relación. Es necesario volver a consensuar para integrar lo que uno y otro quieren, lo que entienden y lo que sienten.

Uno de ellos quiere "algo más". La intimidad predispone hacia el compromiso. En una relación de este tipo, la amistad, la satisfacción sexual, la diversión y la ternura, empujan con fuerza hacia la estabilidad y el contrato.

Los demás presionan. Es posible que familia, amigos y compañeros de trabajo, no vean con buenos ojos esta relación. La presión social puede generar ansiedad y desagrado, que en todo caso repercutirán de forma negativa sobre la amistad y la satisfacción de los implicados.

No todo está claro. A pesar de todo lo hablado, siempre quedan pequeñas ideas, expectativas o afectos, que no están bajo control y que a la larga pueden desembocar en desengaños o disgustos. Y es que no nos han educado para esta forma de vida.

Tanto la sexualidad como los vínculos que cada persona forme en su vida pueden ser múltiples y diversos. Sin embargo, no se debe perder de vista el respeto y cuidado hacia uno mismo y hacia los demás.

lunes, 15 de febrero de 2010

Amor sin sexo o sexo sin amor


Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el 76% de los españoles entiende una relación amorosa como aquella en la que se comparte un afecto fuerte y en la que se mantienen relaciones sexuales.

Un 35% la concibe como una relación estable en la que se comparten sentimientos amorosos pero que no tiene por qué incluir obligatoriamente el sexo. Frente a ello, para un 10% de la población una relación esporádica entre dos personas que muestran una atracción física y que desemboca en una relación sexual, es una relación amorosa.

Aunque la realidad del sexo sin amor ha existido durante muchos siglos de historia, en las últimas décadas esta práctica se observa cada vez de una forma más habitual no solamente en los hombres, sino también en las mujeres. Los contactos sexuales sin sentimientos amorosos de por medio, tienen como objetivo principal experimentar placer y el disfrute que el sexo ofrece, sin ningún tipo de responsabilidades, obligaciones o compromisos de por medio. Aquí es donde encontramos los famosos “choque y fuga”, “fue ayer y no me acuerdo”, “una noche de copas, una noche loca” y todos sus derivados.

La práctica de este tipo de encuentro que se dé de forma libre y sin coacciones no tiene por qué plantear algún problema. Sin embargo, pueden surgir conflictos en el caso de que una de las personas mantenga una relación basada en el compromiso y fidelidad con otra. También, pueden surgir problemas cuando una de las dos personas alberga la esperanza de que ese encuentro pueda dar paso a una relación más estable.

En el caso del amor sin sexo, son muchas las parejas enamoradas que no practican sexo. Son parejas que comparten sentimientos y afectos muy profundos, pero que no encuentran en el sexo una prioridad. Las dos razones principales a las que aluden las personas que eligen esta alternativa son, por un lado, el deseo de mantener la virginidad hasta el matrimonio por creencias religiosas y, por otro lado, la necesidad sentirse seguro en la relación y de superar el temor a un posible engaño.

El problema más notable que presenta esta opción se da cuando uno de los dos miembros de la pareja no la comparte. En estos casos, el miembro no conforme con la decisión puede llegar a sentirse frustrado o incluso rechazado.

Los datos muestran que la mayor parte de la población elige combinar el amor con el sexo. Las parejas que escogen esta posibilidad demuestran una serie de afectos, emociones y sentimientos mutuos. Al mismo tiempo, el sexo resulta también una parte importante dentro su relación como medio para demostrar físicamente los sentimientos que sienten por la otra persona.

El sexo puede ser visto como un encuentro casual, el complemento de la relación o la entrega máxima después del matrimonio y todos los enfoquen son válidos siempre y cuando no nos dañe o afecte negativamente a nosotros mismos y a los demás, por eso debemos encontrar espacios en donde poder escucharnos a nosotros mismos y reconocer cómo nos estamos sintiendo.

lunes, 8 de febrero de 2010

¿Qué es realmente la Orientación Vocacional?

En principio, la orientación vocacional, profesional o para el desarrollo de la carrera, surge como necesidad de facilitar a los alumnos, en especial lo que terminan la educación escolar, la información necesaria para su adecuada inserción en el mundo laboral.

Desde sus orígenes hasta la actualidad ha experimentado cambios significativos y ha pasado de ser una acción puntual, a ser una acción permanente integrada en la dinámica educativa.

Se considera la orientación vocacional como una necesidad esencialmente humana, de contenido educativo, a través de la cual se decide un proyecto de vida formativo o profesional, realizado por medio de una secuencia de opciones o elecciones que se van planteando ante la necesidad de interpretar las cuestiones fundamentales de la vida, y todo ello enmarcado en los contextos familiar y ambiental.

Es así que, hay que tener en claro que los adolescentes pueden no tener muy definido cuáles son sus preferencias e intereses vocacionales debido a una serie de factores, que van más allá del rendimiento académico o nivel cognitivo, entre los cuales estarán la madurez psico-emocional, social y cultural. Con esto, la orientación profesional se debe asumir como meta o finalidad en el desarrollo del individuo a lo largo de toda la vida.

Así pues, la educación vocacional supone el conocimiento de sí mismo, de las ofertas educativas y los itinerarios académicos, del mundo laboral. Solo la integración de todas estas áreas permitirá al adolescente tomar las decisiones más adecuadas.

Para lograr un mayor grado de eficacia en la orientación vocacional, el alumno debe ser el protagonista de los procesos y deberá implicarse de forma activa en sus aprendizajes.

Orientación Vocacional para adolescentes: Acabé el cole y ahora?!

Conforme el término del colegio se acerca, se escucha de parte de los papás, profesores y, en menor medida, amigos, hermanos, vecinos, etc., con más frecuencia preguntas como: ¿ Qué vas a estudiar? ¿Qué has pensado hacer/ ser? O puede darse el caso que en una reunión familiar un tío le pregunte a tu papá/ mamá: “¿Qué vas hacer tu hijo después del colegio?” aun estando tú a su costado.

De un momento a otro, puede parecerte que TODOS se interesan excesivamente en tus planes profesionales futuro y muchas de las veces no toman en cuenta al agente más importante en esto: TU

Ahora bien, no debemos de olvidar que al estar muy próximo a salir del cole te pone en una situación de cierre, el fin de una etapa, de una era. Es posible que por este cambio externo y tangible las personas que te rodean se sientan sumamente pendientes y curiosas (hasta impacientes) de saber sobre tu “decisión”.

Definitivamente, esta presión y exigencia social es real, y en muchos casos pueden crear en ti sentimientos de angustia, ansiedad, desesperación, etc. Por eso es importante que sepas y comprendas que tus decisiones pueden seguir un ritmo diferente al esperado por los demás.

A veces, puede ser “tranquilizador” encontrar una respuesta que tenga cierta aceptación, sin importar si te resulta a TI convincente o no. Otros pueden sentirse en la necesidad de tomarse “un año sabático” para postergar su decisión y explorar ciertos trabajos o proyectos que crean interesarles. Pero… ¿por qué un año?, en realidad el tiempo dependerá no solo de las presiones familiares o sociales, sino que esa decisión recaerá en que tú te sientas listo y preparado.

Es importante que seas conciente de esta presión social y sepas que es padecida por la mayoría de los estudiantes. Esta situación señala algo que seguramente ya sabías: es necesario dejar de ser escolar, abandonar ese lugar conocido para que esas experiencias se conviertan en recuerdos y aprendizaje. Sólo al aceptar el fin de esta etapa será posible empezar a imaginar un lugar diferente, novedoso, que se irá construyendo lentamente.

Muchas veces la angustia que provoca esta despedida (del colegio, los amigos, los profesores, los horarios conocidos, el estilo de las clases, los métodos de estudio, etc) se oculta o se niega, pero aparece en su lugar una enorme confusión, ansiedad, depresión o desgano. Incluso en algunos chicos estos sentimientos se evidencian a través de un muy mal rendimiento escolar el último año, “estirando” así la finalización de esta etapa.

Para poder elegir que forma irá tomando la carrera de tu vida es necesario empezar a imaginar ese proyecto.

lunes, 25 de enero de 2010

Extrañas Parejas

En su libro “¿Apego, vínculo y/o amor en la pareja?*” Matilde Ureta de Caplansky propone dos posibles líneas de desarrollo para el matrimonio: una de meta y la otra de fosa...


En la primera plantea la importancia que tiene en la pareja la historia compartida que han logrado los cónyuges como parte de un proyecto que los reúne a lo largo de la vida matrimonial o si se convierte en una situación de fosa, es decir, de muerte y destrucción para la pareja.

Aquí un breve apartado sobre lo que Matilde llama “Extrañas parejas”:
“La pareja humana constituye un modo de vínculo intersubjetivo privilegiado, abierto a múltiples y frecuentes extravías y desdichas. Cuando la relación se estabiliza, el encuentro suele ser asintomático y se posibilita así el equilibrio y la compensación afectiva para cada uno de sus miembros. Pero, en general las parejas evidencian conflictos que suelen derivar en convivencias desafortunadas y muchas en separaciones.

¿Cuáles son las causas para que una relación no prospere y no permita, en consecuencia, el desarrollo armónico de cada uno de sus integrantes? Se podría afirmar que lo que acontece habitualmente es que se movilizan desarrollo críticos signados por las siguientes características:

En las parejas conflictivas cada cual intenta recubrir masivamente su falta con la del otro – intento destinado al fracaso, dado que se termina taponeando ficticiamente un vacío con un objeto inasible, conformado por un semblante de nada. Uno le pide a otro que le entregue casualmente lo que éste no tiene, dado que ama en él o en ella el objeto que el otro construye ficcional y exclusivamente a los efectos de seducirlo. Se le dona a la pareja un falta recubierta de espejismos objetales para que la futura pareja se ilusione con la posibilidad – eficaz aunque meramente ilusoria – de la realidad de un encuentro, al que supone capaz de resolver la angustia existencial.
Se ama en el Otro el objeto del cual él también carece y que en el instante del enamoramiento ambos suponen encontrar en esa zona de entrecruzamiento del objeto ideal completante, conformado por las proyecciones recíprocas que dan consistencia a un imaginario, que anuda a dos sujetos por la apariencia completiva que propone. La pareja funda la unión en tanto ésta permite el recubrimiento de dos faltas, que al “completarse” una en la otra, generan la ilusión de que el Todo pleno es posible.
En esta relación dual se despliega las estructuras psicopatológicas de modo tal que la tarea de un psicoanalista frente a la consulta de una pareja debido a dificultades vinculares, debe apuntar fundamentalmente a “separar” la simbiosis que aglutina a ambos integrantes de una relación configurada con un alto gradiente de especularidad, para recién a partir de allí plantear una operación de psicoanálisis individual.
La pareja configura un modo de relación privilegiado para desplegar pactos y encuentros con alto índice de proyeacción especular recíproca, lo que determina un anudamiento gozoso mediante el cual cada uno satisface sus apetencias narcisistas.

La pareja estimula – dada la misma índole de la intimidad sexual – conductas regresivas, las que se deben atemperar, mediante la operación eficaz de un tercero, que “abre” la “simbiosis” y permite que cada cual reintroyecte sus conflictos y pueda así eventualmente resolverlos. Ahora bien, esta operación de mediación simbólica puede efectuarla un psicoanalista, un mediador o un juez, pero a veces la operación de corte se produce de forma actuada, dada la presencia de un tercero – amante, por ejemplo –, el que con su mero posicionamiento en la estructura dual ayuda a triangulizarla, aunque siempre con todos los costos éticos o de sufrimiento sintomático que esto acarrea.

En relación con la elección de la pareja, diremos que aquella configura un destino. Se elige siempre desde los modelos infantiles en el sentido de remedarlos o de oponerse a ellos, y dado que las elecciones matrimoniales se suelen producir en la adolescencia, o en adultez temprana, la influencia de las marcas edípicas es aún más atenuada. Seguramente las segundas elecciones – si no están signadas por la repetición – suelen hacerse desde una posición más elaborada, quizá con mayor distancia simbólica de los objetos primarios. En la primera relación, se suelen agotar la hostilidad y el resentimiento infantil y el sujeto liberado de sus tendencias tanáticas, puede encaminarse a un encuentro menos ambivalente con mayor capacidad de reconocimiento de la alteridad.
La pareja es el resultado del cruce de niveles narcisísticos con niveles edípicos. Pero, tal como afirma Lacan, el amor contribuye a hacerse condescender el goce al deseo, es decir, cuando se ama se protege al Otro de la tentación de instrumentarlo al exclusivo servicio del puro goce, que desconoce siempre la otredad y anula, por ende, toda diferencia.
La violencia que se moviliza en las parejas ante su fracaso y la eventual conducta destructiva que se genera entre los ex miembros de éstas, se funda en la desilusión que esta situación suscita. ”
• Ureta de Caplansky, Matilde (2005). ¿Apego, vínculo y/o amor en la pareja?. Cedapp: Lima. Págs: 54-56.

A propósito de la infidelidad...

Tratando de describir algunos de los factores predisponentes de la infidelidad.


Uno de los factores predisponentes de la infidelidad se remite a la elección del compañero, esta decisión está dada tanto por factores conscientes como inconscientes y además, restringidos al habitat de cada individuo, es decir, la elección no es al azar sino que está altamente determinada de acuerdo con las actividades realizadas que nos permiten "conocer" o relacionarnos con otras personas. Así mismo, es más fácil que las personas se sientan atraídas hacia otras que realizan el mismo tipo de actividad o comparten gustos similares, que hacia aquellas personas con quienes no tienen los mismos marcos de referencia.

También hay que tomar en cuenta la presión ejercida en muchos medios sociales cuando los noviazgos son largos, respecto a la "necesidad" socialmente establecida de contraer matrimonio, como el hecho de "elegir un buen partido" que podría interpretarse como "del gusto de la familia” o “con éxito".

De acuerdo con Freud, la elección del compañero puede hacerse por varios caminos:
1. El tipo narcisita puede amar: lo que uno es (a sí mismo), lo que uno fue, lo que uno quisiera ser o a la persona que fue parte de uno mismo.
2. El tipo anaclítico puede amar: a la mujer nutriz o al hombre protector.

Esto podría explicar por qué existen elementos de amor y odio en las relaciones amorosas, ya que al proyectar parte del yo en el otro y llegar a la frustración se desencadena el odio, debido a que mediante el mecanismo de la proyección se supone que el otro "debe" satisfacer mis necesidades; esto ocurre tanto a nivel consciente como inconsciente.

La pareja necesita de movilidad para su supervivencia y para el desarrollo de cada uno de los integrantes. Así, el tipo de elección inicial puede ser modificada. Por ejemplo, la pareja complementaria, en donde uno "manda" y es considerado mejor, más capaz, etc., puede verse seriamente afectada cuando el miembro "menor" obtiene una serie de logros que lo hacen salir del esquema anterior. En este ejemplo, el miembro "débil", realiza una elección del tipo anaclítico pero dados los logros, su relación se transforma en una de tipo narcisista. La relación continúa siempre que la elección sea ratificada por ambos miembros de la pareja.
Puede darse el caso de un cónyuge de carácter oral o simbiótico que, en su afán de evitar la depresión, haga una elección de tipo anaclítico y cuando descubra que por medio de su compañero no solucionará sus fantasías, podrá entonces buscar una relación extra.

Así es como a nivel inconsciente, se puede elegir compañero por la idealización que se hace del objeto, puesto que cuando la persona se relaciona con alguien a quien considera valioso, se valorará mejor a sí misma; o bien, puede sentirse apoyada de manera más sólida.
Las situaciones anteriores, hacen referencia a patologías, en la medida en que se hacen modos de relación rígidas y estereotipadas y así, ante cualquier crisis o problema "vital" de la pareja, resultarán las conductas inoperantes para resolver o cuando menos llevar a buen término los problemas que la aquejan.
Sea cual sea el tipo de elección que se haya realizado, los miembros de la pareja pueden sentirse defraudados una vez terminado el período de luna de miel y entonces, las expectativas sufrirán un golpe cuando se enfrenten a la pareja "real" y no a la idealizada.

El desplazamiento del odio, virtualmente operante, dentro de la "luna de miel", se torna ahora ineficiente a pesar de la represión, que ante una crisis se resquebrajará de tal suerte que un miembro de la pareja puede elegir como amante a una persona diametralmente opuesta a su cónyuge, conservando a su pareja como objeto bueno.

Este mecanismo explica aquellos casos en donde se busca un amante con el objeto de continuar idealizando la figura del cónyuge y descargar así, lo negativo en el otro. Esto es frecuente, en personas que comparan la relación sexual con actividades censuradas y pueden entonces "desahogarse" con prostitutas, conservando en un buen concepto el nombre del "cónyuge decente".

Aquí también podemos encontrar un tipo de masoquismo o sadismo encubierto. Ambos tipos de patología, pueden ser "causa" de una relación extraconyugal, que puede servir para castigarse mediante la autodenigración o bien, castigar y denigrar al otro.

En este sentido, hay que mencionar otro tipo de relaciones extramaritales en donde la genitalidad no es lo más importante tanto como la necesidad de sentirse escuchado y atendido por otra persona.

Partiendo del supuesto de que toda pareja necesita cierto grado de dependencia, dada la necesidad de adecuar los roles; pueden encontrarse ciertas "desviaciones" respecto a la dependencia como el caso de individuos que tienen amantes cuando sienten que el cónyuge amenaza su independencia y autonomía y que tienen miedo a quedar atrapados, en este sentido, se observan sujetos que una vez que el/la amante inicia sus exigencias, buscarán nuevamente otra relación que los "salve" tanto del cónyuge como del amante "devorador" o bien, pueden mantenerse así para evitar ser absorbidos por ambas. Esta situación incluye el mito de "don Juan" en quien cabría la interpretación psicoanalítica del "miedo a la fusión" puesto que al relacionarse con muchas personas, la persona no puede involucrarse con ninguna.

Por otro lado, es necesario que se establezca cierta independencia y autonomía respecto a las familias de origen. Cuando esto no se logra, se puede iniciar la búsqueda de un amante con el objeto de saciar la necesidad de encontrar imagos paternas. Esta conducta alude a una regresión de tipo adolescente en donde, por medio del amante se evitan responsabilidades tanto de dependencia como de apoyo hacia el cónyuge-padre.

Puede suceder también, que la infidelidad ocurra para satisfacer la necesidad del enamoramiento. Como con el cónyuge la luna de miel llega a término, podemos encontrar sujetos para quienes es necesario estar continuamente en la etapa de idealización y de fusión para sentirse amados.



También es importante subrayar el hecho de que la infidelidad puede darse como consecuencia de la desconfirmación del otro o como intento de "salvarse" de una relación asfixiante.




A partir de las supuestas "causas" de la infidelidad, habrá que tener en cuenta el papel que desempeña el otro. Hay situaciones en las que el cónyuge es quien, por problemas sexuales, defensas, etc., estimula abierta o encubiertamente a su pareja para que tenga relaciones extramaritales, en el caso de que a la pareja le produzca angustia y rechazo.

Cualquiera que sea el caso, se maneja la idea que la infidelidad no es la causa de la separación de la pareja, sino la culminación de una serie de problemas y crisis en el interior de la misma, por lo que es necesario acudir a un especialista para contar con un espacio en donde elaborar para dejar de actuar.

lunes, 26 de octubre de 2009

Depresión en Población Migrante

"Los primeros momentos, todo era nuevo, donde estaba estudiando era bonito, tantos monumentos, ver tanta tradición, de repente veía mucha actividad... A mí me dijeron lo de la crisis de los seis meses. Me preguntaba: ¿qué estoy haciendo acá?, ¿para qué he venido?, ¿para qué estoy aquí?” (Inmigrante peruana)

Las depresiones que experimenta la mayoría de las personas durante el curso natural de su vida casi siempre se asocian con sentimientos de tristeza y soledad, así como con otros síntomas, como falta de energía, pérdida de interés en las actividades normales y otros.

Algunos de los síntomas más frecuentes asociados con la depresión son: dificultad para concentrarse, dormir poco o más de lo normal, sensación de desesperación, inutilidad o culpa, subir o bajar de peso anormalmente, inquietud o agitación y pensamientos suicidas o deseos de hacerse daño a sí mismo.
La migración es un fenómeno que por su propia naturaleza puede poner a las personas en mayor riesgo de padecer depresión leve o grave. El impacto de adaptarse a una cultura y ambiente nuevos puede hacer que los migrantes se sientan aislados y solos – aun cuando puedan vivir con familiares, amigos o gente nueva.

Es importante acotar que la migración por sí misma no es factor determinante de depresión en las personas, ya que esta problemática puede ser desencadenada por una o más razones además de la migración u otros tipos de estrés en la vida, entre los cuales están antecedentes de depresión en la familia, historias previas de depresión antes de migrar, enfermedades físicas y otros trastornos, pensamientos negativos sobre uno mismo, así como el uso o abuso de alcohol y otras drogas, incluyendo algunas medicinas.

lunes, 12 de octubre de 2009

Yo? Celosa/o? Por favor!!!!

Es probable que más de una vez haya estado a merced del monstruo de los celos y haya sido alentado/a por sus amigos, hermanos o demás a “investigar” a su pareja, cual detective privado, o haya puesto más atención a ciertos cambios en él o ella.

Interesados en las diferentes reacciones que se pueden tener ante una infidelidad, investigadores de la universidad de Málaga decidieron hacer hincapié en las diferencias entre hombres y mujeres ante este difícil tema.

Básicamente, la investigación estuvo orientada a conocer las diferencias entre hombres y mujeres en las situaciones desencadenantes de celos, así como el proceso de comparación social inherente a dicha emoción. Con este objetivo, un total de 408 hombres y 415 mujeres, españoles, con una edad media de 38 años, respondieron ante una hipotética infidelidad, sexual o emocional, de su pareja con un supuesto rival, cuyas características de dominancia y atractivo físico fueron manipuladas por los investigadores.
De acuerdo con la hipótesis de partida, la infidelidad sexual es la que más celos e ira genera tanto a hombres como a mujeres, lo que coincide con el planteamiento sociocultural: la agresión al elemento pasional supone la amenaza a la exclusividad de la relación amorosa.

El análisis de las diferencias de género refleja una reacción de ira y de celos menor en los hombres ante la infidelidad emocional, lo que está apoyado por abundante bibliografía.
Sin embargo, no se ha encontrado en el presente trabajo apoyo empírico a la hipótesis de que exista mayor preocupación masculina ante la infidelidad sexual, siendo ésta la que más practican los hombres.

Respecto al proceso de comparación social con el rival, parece que la autoestima de hombres y mujeres corre mayor peligro ante rivales que no son sobresalientes en aquellos ámbitos que cada género considera como pilar de su identidad. Descubrir que nuestra pareja está interesada en un individuo no deseable socialmente es un duro golpe para la autovaloración personal.

Esto podría ser explicado por un peor ajuste social. Es más aceptable, desde el punto de vista social, que nuestra pareja sea infiel con una persona valorada; una aventura con una persona no deseable supone un mayor insulto y amenaza a la autoestima.

Las diferencias encontradas en cuanto a las características del rival en función del tipo de infidelidad sugieren que un tercero no valorado es el que más amenaza la autoestima, mientras que uno valorado amenaza la exclusividad relación. Diversas investigaciones proporcionan soporte empírico a la mayor importancia que los hombres dan al atractivo físico de ellas, así como al especial interés que las mujeres poseen por el poder adquisitivo de ellos. Parece que este tipo de demandas ha llevado a cada género a valorar más, en su autoconcepto, aquellas características que le aumentan la probabilidad de ser elegido/a como pareja.

También se han hallaron interesantes tendencias:

Existe aparentemente mayor sentimiento de inferioridad que presenta el hombre ante la infidelidad sexual, ya que podría ser indicador del daño al amor propio masculino. Esta dirección ha sido señala por diversos estudios que han reflejado como los hombres relacionan el sexo con los logros personales y el orgullo.

En la escala “miedo o inseguridad” se pregunta por el sentimiento de celos y de amenaza, siendo la única ocasión en que la mujer señala la situación emocional como la más estresante. Diversos autores defienden que para las mujeres el sentido de sí mismas y de su propia dignidad está fundado en su capacidad para crear y mantener relaciones, por lo que tienden a proteger la continuidad de la misma.

De esto se podría vislumbra una preocupación, amenaza y ansiedad más alta ante la infidelidad emocional para la mujer, mientras que el hombre se siente más avergonzado, infravalorado e inferior ante la sexual.

Finalmente, el análisis de las diferencias entre sexos refleja: una respuesta emocional de mayor intensidad en las mujeres; tendencias en los hombres a manifestar una preocupación menor por la infidelidad emocional y la percepción de amenaza a su autoestima ante la infidelidad sexual; una mayor sensación de peligro para la continuidad de la relación por parte de las mujeres ante la infidelidad emocional. También se ha observado que un rival no valorado, en aquellos campos de autodefinición de cada sexo, suscita un mayor sentimiento de inferioridad.

* Información adaptada del trabajo “Reacción de celos ante una infidelidad: diferencias entre hombres y mujeres y características del rival” de los autores Patricia García Leiva, Luis Gómez Jacinto y Jesús Mª Canto Ortiz. Paper publicado en Psicothema 2001 vol 13 N4 Págs 611- 616.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Si mi pareja me cela es porque me quiere

¿Qué son los celos? ¿A qué se parecen? ¿A una feroz llamarada que sube del estómago a la garganta hasta hacernos escupir los insultos más bajos?

Para el psicoterapeuta Rafael Alva los celos no deberían de recibir ese nombre, pues se trataría de emociones encubiertas que no sabemos identificar y terminamos por llamarlas: celos. Según Alva, una persona no siente celos si su pareja es alabada por otro/a, si baila sensualmente con otra persona o es observada con deseo por un extraño o una expareja. Lo que puede estar sintiendo es cólera, pena y/o miedo. Es decir, emociones no placenteras que pueden ser activadas por una situación real (bailar, por ejemplo) o imaginaria (pensar que su pareja coquetea con otra persona cuando en realidad solo conversan).

Como distingue la psicóloga Lorena Bouroncle, existen reacciones que son esperadas si es que la respuesta no va más allá de malestar o incomodidad de la pareja. Pero, en el caso de haber reacciones violentas o agresivas de cualquier índole (verbal, psicológica, física), se podría estar ante un caso de celotipia, que se define como una enfermedad o trastorno que puede llevar a la persona a vivir en un estado constante de alerta que lo hace incluso imaginar constantemente situaciones de infidelidad cometidas por su pareja. Esto se considera como parte de un cuadro patológico porque sería necesaria buscar la ayuda o intervención de un especialista.

Siguiendo a Bouroncle, los celos no pueden considerarse un indicador del amor, sino más bien una inseguridad o una perturbación del significado de amar, “La persona que se siente feliz al lado de una pareja celosa puede estarnos diciendo que cree ser propiedad de su pareja y eso no es saludable, ya que estaría apoyando ideas machistas, de baja autoestima y baja aceptación personal, así como déficit de habilidades sociales, pues la persona celosa no busca enfrentar una situación, por el contrario causa conflictos antes que soluciones”.

*Artículo sacado del suplemento “Mi Hogar”, El comercio. Domingo, 30 de Agosto del 2009.

lunes, 31 de agosto de 2009

Intimidad on line

Usando continuamente las diferentes herramientas de comunicación en tiempo real que ofrece Internet es posible que las personas crean llegar a una situación de “intimidad” con mayor velocidad que si se encontraran cara a cara, ya que con los cables, transistores, pantallas y luces de por medio se puede experimentar más seguridad y ser capaces de “decir” cosas que tal vez la familia o mejores amigos no conocen.

En muchas ocasiones se llega a decir ´te amo´ sin apenas conocer el verdadero nombre de la otra persona, cayendo en una relación de “dependencia virtual.

Se puede decir que hay dependencia cuando:


  • Las horas libres se dedican de forma casi exclusiva a relacionarse con otras personas a través de Internet.
  • Se descuidan los lazos anteriores de amistad o incluso se rompen.
  • Se llega a ser agresivo o irritable si no se logra establecer conexión.
  • La persona afectada niega su dependencia porque no le gusta escuchar que se está 'enganchando' al chat, al messenger o a los foros.
  • Oculta información sobre los amigos 'virtuales'. Si en alguna ocasión habló de ellos, deja de hacerlo.
  • Dedica muchas más horas a una conversación virtual de lo que es capaz de dedicárselo a una relación personal, incluso robando horas de sueño, trabajo u otras obligaciones.

Para no caer en esto se debe tener en cuenta ciertas conductas:

  • Las sesiones de chat deben ser algo entretenido, sin pasar a temas serios o confesiones.
  • Utilice las salas de chat públicas, donde participan más de 2 personas, para aliviar la presión para caer en conversaciones íntimas.
  • Mantener una distancia emocional prudencial, deje que la relación crezca sola.
  • Debe ser paciente, recuerde que es muy fácil asumir cosas de la otra persona. Hágale todas las preguntas necesarias para saber si es sincero o no.
  • Si la relación comienza a tomar síntomas de adicción, es necesario tomarse un descanso.
  • Hablar de la relación “on line” con los amigos.
  • Tener en mente los peligros que pueden traer una intimidad prematura. Las personas sólo se conocen realmente luego de que se encuentran y pueden mirarse a los ojos.
  • Si se llega a programar un encuentro, que sea siempre en un lugar público y déjele dicho a alguien cercano a dónde va y con quién.
  • Recordar que todos, y los hombres especialmente, son más abiertos a contar cosas en Internet. Tal vez, en un encuentro en persona, no pueda comportarse de la misma manera y le tome algo más de tiempo.

lunes, 17 de agosto de 2009

Relaciones actuales…. ¿Relaciones virtuales?

"Voy a hablar con la cabeza tapada, para que, galopando por las palabras, llegue rápidamente hasta el final, y no me frene, de vergüenza, al mirarte" (Sócrates).

Platón, en uno de sus diálogos escritos, demostró que es más fácil entablar una relación, y mantenerla durante un cierto tiempo, con una persona a la que no se ve, a la que no se ha visto nunca y a la que probablemente nunca se verá, sobre todo cuando lo que se quiere transmitir son afectos y sentimientos amorosos.

Aunque los filósofos clásicos no hayan conocido las tecnologías de comunicación del siglo XXI, sus teorías pueden ayudar a entender el fenómeno de las relaciones virtuales que se valen de la palabra escrita y múltiples imágenes para comunicarse.
Con esto, se podría decir que entablar relaciones a través de un chat, SMS, emails, messenger, foros, etc. es más sencillo que hacerlo en persona, ya que en el inicio de la "conversación" o relación virtual se puede mentir acerca de todo, como por ejemplo, sexo, aspecto físico y edad. Frecuentemente, en estas relaciones se ocultan características personales que son imposibles de controlar cuando se habla cara a cara. Además, ciertas brechas, como la distancia física, situación económica y social, quedan difuminadas porque es posible llegar a conversar con cualquier otra persona.

Es probable que la vergüenza, la timidez y el miedo al ridículo queden superados en el medio virtual porque se “habla” (o mejor dicho, se escribe) desde el otro lado de la pantalla. Si bien el lenguaje escrito puede quedar corto para expresar y dejar entender lo que se quiere transmitir, tiene la ventaja de evitar ciertos los roles que cada uno desempeña en la su vida cotidiana.

Gracias a las nuevas tecnologías se pueden establecen fértiles relaciones entre personas con gustos e inquietudes semejantes, e incluso pueden librar a una persona del aislamiento, pero también pueden fomentar relaciones en base a mentiras y confusiones que son causantes de desengaño y frustración, sobre todo si : son el único instrumento de relación.

¿Qué se busca en las relaciones por Internet?

¿Se pretende sustituir las relaciones cara a cara por las relaciones virtuales?

¿Se busca una manera de ampliar el círculo de relaciones?

En la mayoría de los casos, Internet es la vía de contacto con personas y grupos que de otra manera serían inaccesibles. Se superan distancias físicas y se sacia la curiosidad de conocer gente, con quienes, por lo general, se comparten aficiones e intereses. Hasta aquí, todo es positivo. Buena parte del problema aparece cuando esas relaciones sustituyen a las mantenidas en el mundo físico, el de nuestros amigos y familiares "reales". Pero no se puede convertir a Internet en herramienta maligna.


Podríamos decir que las patologías que Internet evidencia ya estaban presentes, es decir, Internet no es causa de las relaciones anómalas, sino una excelente oportunidad que se abre a personas con dificultades sociales que, pretendiendo resolverlos, pueden quedar atrapadas hasta el punto de que se transforme en su principal forma de relación con los demás.
Ahora bien, las personas que se relacionan por Internet experimentan una sensación de libertad que no obtienen en las relaciones cara a cara. Los cibernautas creen controlar la situación y usan fórmulas de expresión impensables en otros entornos. Además, pueden ser capaces de expresar por medio de la escritura emociones, ideas y afectos que permanecen ocultos en la vida diaria. Esto da pie al simulacro, a la posibilidad de jugar a ser otras personas, de vivir otras vidas, aunque sea de forma pasajera. Pero, sobre todo, quien comparte con otras personas su tiempo gracias a Internet entiende que puede romper el compromiso con sus interlocutores de manera unilateral y sin explicaciones.

Todo lo anterior, con excepción de la incapacidad de asumir compromisos, no es “bueno” ni “malo”. Jugar a ser otro es una práctica unida al hombre y la mujer, ahí están los actores; descubrir matices de uno mismo gracias a su plasmación por escrito puede ser positivo; sentirse libre y seguro con lo que se hace, también.
Quienes encuentran en Internet una estrategia más para relacionarse harán de la Red un lugar donde se expresarán libremente, conversarán cómodamente, aprender cosas nuevas y compartir sentimientos y conocimientos. Harán de su computadora y de Internet un instrumento más para su desarrollo personal y enriquecerán su vida social.

Sin embargo, Internet puede convertirse en un refugio inadecuado y despertar patologías ocultas o agudizarlas. Ofrece la posibilidad de vivir una irrealidad sin conexiones coherentes, algo muy atractivo para quien no se siente feliz consigo mismo. También posibilita hacer daño y expone a sufrirlo. La alerta se dispara cuando esta herramienta, que da libertad, o al menos ofrece la sensación de darla, se convierte en una nueva forma de esclavitud de la que la víctima, además, no es consciente.

viernes, 5 de junio de 2009

DIFERENCIAS DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL HOMBRE Y LA MUJER

Jack Block, psicólogo de la Universidad de California Berkeley ha realizado la comparación de dos tipos teóricos según sexo, en lo que se refiere a las aptitudes de la Inteligencia Emocional.

Esto es lo que encontró.


HOMBRE

- Socialmente equilibrado
- Capacidad de compromiso con las personas
- Asume responsabilidades y alcanza perspectiva ética
- Solidario y cuidadoso en las relaciones
- Vida emocional rica y apropiada.
- Comodidad con ellos mismos, con los demás y con el universo social donde viven

MUJER

- Ser positivas con ellas mismas y los demás
- Expresan sus sentimientos de modo adecuado
- Adquieren un sentido vital
- Se adaptan a la tensión y a situaciones nuevas
- Comodidad con ellas mismas para ser alegres, abiertas y espontáneas
- Capacidad para comprometerse según principios o valores universales


Aun cuando Block establece características para cada uno de los sexos creemos que no son exclusivos de cada uno, por el contrario, en conjunto, resumen las características que cualquier persona puede conseguir si se empeña en mejorar su nivel de Inteligencia Emocional, independientemente del sexo, edad o condición social.

domingo, 15 de marzo de 2009

Elaborando mi plan de vida

La Perspectiva Temporal Futura (PTF) se define como la representación mental de las metas futuras (Lacante et all, 2004). Todos los individuos tenemos un conjunto de esquemas basados en experiencias previas. Estos esquemas interactúan todo el tiempo con información nueva que proviene del ambiente. Cuando estos dos factores se relacionan entre sí, es decir, cuando los esquemas se ven afectados por la información nueva, se forman expectativas futuras o metas, cargadas de significados personales (Nuttin, 1985).

Entonces, lo que somos ahora es producto de nuestro pasado y de aquello que queremos ser en el futuro. Nuestra imagen futura opera como un modelo que direcciona nuestra conducta y que guía nuestras energías hacia una determinada meta. Con esto, la conducta se regulará según los proyectos personales de cada persona reflejando una concepción de sí mismo (Martínez, 2004).

Ahora bien, durante la adolescencia temprana se posibilita la adquisición de las operaciones formales del pensamiento. Es decir, el adolescente es capaz de formular hipótesis, las cuales lo habilitan a la exploración mental de diferentes y posibles cursos de acción. Esta nueva capacidad ayuda a los adolescentes a ponerse metas futuras que pueden no ser realizadas inmediatamente y a construir planes mentales alternativos de acción (Berger 2005).

Según Díaz y Martínez (2004) y Nurmi (1991), el pensar en los eventos futuros motiva el comportamiento actual durante todo el tiempo de vida. Sin embargo, pensar y planear el futuro es particularmente importante para los adolescentes, ya que se ven enfrentados con las tareas evolutivas esperadas según su edad, impuestas por los padres, los pares y los profesores, muchas de las cuales se relacionan con las expectativas del desarrollo de su vida futura.

Además, las decisiones de los adolescentes orientadas hacia el futuro, como las relacionadas con las profesiones, el estilo de vida y la familia futura tienen una influencia crucial en su vida adulta. Al mismo tiempo, la visión del adolescente con respecto a su futuro juega un importante papel en la formación de la identidad (Castillo, 1999 en Díaz & Martínez, 2004).

Es así que, para Seginer (2003), el entorno familiar y de manera especial los padres afectan la orientación futura de los adolescentes. De igual manera, un modelo parental que permita al adolescente expresar sus opiniones y discrepancias facilita la construcción de su orientación futura proveyéndole autonomía y salud emocional. Así mismo, las expectativas que tengan los padres con respecto al futuro de su hijo también tendrán un impacto en la organización de sus metas futuras (Herrera, 1999; Nurmi, 1991; Seginer, 2003).

Según los resultados de las investigaciones (Barnett & McCabe, 2000; Nurmi, 1991, Seginer, 2003), los adolescentes organizan sus metas futuras nombrando como las tres metas principales a la educación, el trabajo y la familia. Luego, están las metas relacionadas a las actividades de ocio y, finalmente, las metas relacionadas a la obtención de los objetos materiales. Sin embargo, existen diferencias de género, ya que los varones se muestran más interesados en la obtención de los objetos materiales para su vida futura, mientras que las mujeres se centran más en la formación de la familia propia.

Ahora bien, según los estudios de Nurmi (1989, 1991), los adolescentes proyectan su futuro hasta el final de la segunda década y principios de la tercera década de vida. Este dato es consistente con el tiempo que, por lo general, toma la culminación de los temas que más les interesan, es decir, educación, trabajo y familia. Es así que, estas metas, como su tiempo de extensión, reflejan el “prototipo cultural” de desarrollo de vida, a saber, terminar su educación, conseguir un trabajo, casarse y finalmente conseguir materiales básicos para su vida.


Referencias Bibliográficas

Barnett, D. & McCabe, K. (2000). First comes work, then comes marriage: Future orientation among African American adolescent. International Journal of Psychology, 49 (1), 63-71. Recuperado en Abril 12, 2007 de la base de datos
Psychology and Behavioral Sciences Collection.
Berger, K. (2005). Psicología del desarrollo. Niñez y adolescencia. Buenos Aires: Médica
Panamericana.
Díaz, J. y Martínez, P. (2004). Metas y satisfacción vital en adolescentes españoles y peruanos según sexo y nivel socioeconómico. Revista de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 22, (1), 121-149.
Herrera, D. (1999). La cultura escolar en el contexto de la inserción social adolescente. Persona, 2, 181-199.
Lacante, M., Lens, W., Simona, J & Vansteenkiste, M. (2004) Placing motivation and future time perspective theory in a temporal perspective. Educational Psychology Revie,16 (2), 121-139. Recuperado en Abril 12, 2007 de la base de datos Psychology and Behavioral Sciences Collection.
Martínez, P. (2004). Perspectiva temporal futura y satisfacción con la vida a lo largo del ciclo vital. Revista de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 22 (2), 215-252.
Nurmi, J. (1989). Development of orientation to the future during early adolescence: a four year longitudinal study and two cross-sectional comparisons. International Journal of
Psychology, 24, 195-214.
Nurmi, J. (1991). How adolescent see their future? A review of the development of future
orientation planning. Developmental Review, 11, 1-59.
Nuttin, J. (1985). Future time perspective and motivation: Theory and research method. Neva Jersey: Lawrence Erlbaum Associates.
Seginer, R. (2003). Adolescent future orientation: An integrated cultural and ecological perspective. Online Readings in Psychology and Culture, 11 (5), 100-106. Recuperado en Abril 12, 2007 de la base de datos Psychoinfo.

¿Quién está viejo? ¿Yo? ¡NO!

A través de la historia de la humanidad ha habido numerosos intentos de clasificar el período vital de la vejez asociándolas con edades concretas.

Por ejemplo, para Pitágoras cada período vital duraba aproximadamente 20 años y se correspondía con cada una de las estaciones del año. Es así que, la infancia equivalía a la primavera (0 a 20 años), la adolescencia al verano (20 a 40 años), la juventud al otoño (40 a 60 años) y la vejez al invierno (60 a 80 años) (Granjel, 1996,15).

San Agustín, redujo las edades a seis y, al igual que Pitágoras, situaba el inicio de la vejez a los 60 años:“ Hay seis edades en la vida de un hombre: la de la cuna, la infancia, la adolescencia, la juventud, la edad madura y la vejez... Como la vejez comienza hacia los sesenta años y puede prolongarse hasta los ciento veinte, es evidente que puede ser ella sola tan larga como todas las demás juntas" (Granjel, 1996,18).

Shakespeare asemeja la vida con un drama en siete edades, en el que en la sexta ya se perfila la ancianidad y en la séptima ya está cercana "la escena final" (Hayflick, 1990). Siguiendo la división aristotélica en tres etapas: juventud, plenitud vital o acmé y vejez, algunos autores han dividido el curso de la vida en fases de incremento, estabilidad y decremento. Este es el caso de Miguel de Sabuco, quien, en el siglo XVI escribe: "Hay primero [en el vivir humano] extensión, aumento, espíritu emprendedor, incremento; luego, cierto período de estabilidad, y después de él, restricción, pérdida, retiro, decremento" (Granjel, 1996, 56).

Ortega y Gasset en “En torno a Galileo” se pronuncia acerca de la cuestión de la edad, a la que despoja de la importancia que se le confiere en la delimitación de las etapas del desarrollo vital. Para él, será la edad biográfica, definida por el curso personal que el sujeto traza en su quehacer cotidiano, la que defina la trayectoria vital de cada persona y, por lo tanto la que paute su devenir dentro del curso de su vida (Granjel, 1996, 62).

Esto se acerca más a una concepción dinámica del envejecimiento, en la que, en lugar de considerarse como una etapa temporalmente delimitada, se concibe como un proceso. Así, de acuerdo con esta perspectiva, es conveniente hablar de "envejecimiento" o "envejecer" en lugar de "vejez". Este último término no recoge el carácter esencialmente continuo y procesual de los primeros (Granjel, 1996).

Actualmente, la O.N.U. considera los 60 años como el inicio de la ancianidad, mientras que otras organizaciones, como la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud) o la O.P.S. (Organización Panamericana de la Salud) lo establecen a partir de los 65 años. Este último límite, tan arbitrario como el primero, es el que ha sido comúnmente aceptado por las diferentes sociedades mundiales (ONU, 2002).

En estos tres casos, el comienzo del envejecimiento “se hace coincidir” con el cese generalizado de la actividad productiva. Esta rango de edad, entre los 60 y 65 años, no es más que un referente de la denominada edad social, la cual se define en función al conjunto de roles asumidos por la persona y que se hallan impregnados de expectativas de comportamiento (López, 1998).

Guillemard (1996) habla de la jubilación como la negación del derecho al trabajo, lo que hace que se plantee más como una obligación que como una opción social. La jubilación se traduce en un cambio radical en el estilo de vida, en una disminución considerable del poder adquisitivo, en la pérdida de los ambientes sociales en los que habitualmente se desenvuelve la persona, en la disminución de funciones y roles sociales, en la obligada reestructuración de su tiempo, etc.

Junto a esta edad social aparecen otras "edades" definidas en función a diversos criterios. Tal es el caso de la edad biológica, como estimación de la posición actual de la persona en relación a su potencial biológico. Probablemente, la medición de la edad biológica se debería acompañar con medidas de las capacidades funcionales de los sistemas orgánicos vitales que pueden limitarla. Una valoración de este tipo llevaría a la predicción de si el sujeto es más joven o más viejo que otros individuos de su misma edad cronológica, y de aquí, si tiene una expectativa de vida mayor o menor que éstos (Martínez, 1992).

En el programa Salud para Todos, la O.M.S. (2000), propuso que el envejecimiento podría definirse a partir de la edad en la que la esperanza de vida, libre de discapacidades, alcance un determinado número de años. Este concepto es paralelo a lo que se entiende por "edad funcional", la cual está determinada por la capacidad de adaptación del individuo a los requerimientos necesarios para desenvolverse de manera autónoma en la vida.

Todo lo anterior muestra la arbitrariedad que conlleva definir al proceso de envejecer como etapa del desarrollo humano. Sin embargo, de lo que sí se puede estar seguro es que en este proceso se producen una serie de cambios biológicos, psicológicos y sociales que demandan su abordaje multidisciplinar desde una concepción amplia de la Gerontología que abarque tanto la geriatría, dedicada al cuidado y tratamiento médico de las personas mayores, como la psicogerontología, centrada en el estudio de los comportamientos; y la gerontología social (Jiménez, 1995), en su análisis de los factores sociales y culturales que afectan al proceso de envejecimiento.

Éste procesos tiene que contemplarse a partir de su triple vertiente: (a) biológica, (b) psicológica y (c) social. Todos estos cambios biopsicosociales acontecen, se ven afectados y, por supuesto, influyen en las relaciones sociales que se establecen entre los miembros de una familia y de la sociedad.

Uno de los aspectos que afecta más claramente la forma en la que cada persona envejece es, sin lugar a dudas, la imagen social que se tiene del envejecimiento en la sociedad en la que vive. En este sentido, el significado de “envejecimiento” como constructo social no es nunca definitivo ni para la sociedad ni para el individuo. Esto puede plantear desequilibrios entre las dimensiones anteriormente vistas.

Así, una persona puede sentirse envejecer en función de las creencias personales que tenga acerca del envejecimiento y de la actitud que adopte frente a él. Si se considera la edad como una parte importante del autoconcepto, puede ocurrir que nuestra autoestima esté determinada por lo "viejos" o jóvenes que nos sintamos. En este sentido, las personas pueden evolucionar psicológicamente de una forma diferente (creciente) a la evolución (decreciente) de sus procesos biológicos. El enfoque psicosociológico de la teoría del desarrollo de Erikson es una buena muestra de ello (Tibbitts, 1960).

Finalmente, podemos ver como la jubilación ofrece una imagen ambigua que determina el envejecimiento como logro y, a la vez, como problema social. La dimensión de la jubilación debe de diferenciarse del concepto de envejecimiento como proceso multidimensional para evitar contradicciones entre el sujeto humano como ser social y como entidad psicobiológica (López, 1998).


Bibliografía
Guillemard, AM. (1996). Formation et crise d´une politique social: le cas de la politique de la vieillesse. Base de Datos: Sociologie du Travall 1996; 2:156-72.
López, JJ. (1998). La jubilación: Opción o imposición social. Revista Española de Investigaciones Sociológicas 1998; 60:91-126.
Martínez, M. (1992) Consideraciones sobre el abordaje psicosocial de la vejez. Apuntes de Psicología 1992; 34: 83-90.
Hayflick L. (1990). Aspectos actuales del envejecimiento normal y patológico. Madrid: ElaGranjel, LS. (1991). Historia de la vejez: Gerontología, gerocultura, geriatría. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.
Jiménez, F. (1995) Iniciación a la Geriatría y Gerontología. Madrid: Ferrer InternacionalTibbitts, C. (1960) Handbook of social gerontology: Societal aspects of aging. Chicago: University of Chicago Press.
United Nations Populations Division (2002). World Population Prospect: The 2000 Revision. O.N.U.