lunes, 15 de febrero de 2010

Niños, noticieros y noticias

Muchas veces los diferentes horarios de los integrantes de las familias hacen que se cene tarde, de noche, en compañía de la tele y su programación, más aún cuando los niños están de vacaciones.

Por lo general, la programación nacional a esa hora es un abundante menú de noticieros en donde además de demandas y ampays nos muestran toda serie de imágenes sangrientas dignas de las mejores películas de terror. ¿Pueden estas imágenes ejercer un impacto en los niños? ¿Debemos cambiar el canal? ¿Cómo reaccionar ante las preguntas de ellos a cerca de lo que ven en la tele?

Una de los grandes alcances de la globalización de los medios de comunicación es el vertiginoso avance de las tecnologías de comunicación e información, las cuales permiten presenciar en vivo y en directo TODO lo que acontece en el mundo, lo cual puede empezar a ser preocupante. Comienza a ser preocupante, la globalización de las comunicaciones y el vertiginoso avance de las tecnologías de la información, permiten presenciar en vivo, e incluso en directo, todo cuanto acontece en el mundo.

No se puede negar que todo lo que un niño puede ver, sentir, conocer, hacer, no-hacer, pensar, etc. repercute en él y lo afecta, de manera positiva o negativa. La gran mayoría de niños pasan gran parte de su tiempo libre frente a la tele y aprender mucho de ella. En casos extremos, los padres o cuidadores pueden usar a la tele como niñera. Sin embargo, la tele nos aporta, a niños y adultos, una”imagen del mundo” en el que vivimos, nos guste o no.

Ahora bien, es posible que esta “imagen del mundo” puede afectar de manera negativa a los niños?

Podemos caer en el error común de subestimar la capacidad de defensa (adaptación) de los niños. Sin embargo, también es cierto que son más impresionables que los adultos, que no poseen ni sus capacidades, ni su experiencia. Para que un episodio televisado acarree importantes consecuencias emocionales a un niño, éste ha de encontrarse en una situación de crisis por razones mucho más cercanas a su entorno y vivencia personal. Por ejemplo, el ver un reportaje sobre el terremoto en Haití o las actuales condiciones de Cuzco, no debería repercutir de manera importante en un niño y ser el origen de una fobia ante algún desastre natural.

Sin embargo, en aquellos niños quienes presenten un problema de seguridad y autoestima, o que han vivido experiencias similares a la relatada por la pantalla, en nuestro país los niños sobrevivientes al terremoto en Ica, que aún son incapaces de expresar sus emociones, que viven en una situación familiar desfavorable o suelen ser hipersensibles, estas noticias o reportajes sí pueden actuar como desencadenante de algún problema.

Por otro lado, la tele es uno de los grandes canales de comunicación con el resto del mundo, si sólo se observan catástrofes, lágrimas y todo tipo de situaciones angustiosas, es probable que ayude al niño a formarse una idea del mundo como un lugar lúgubre y peligroso. Y esta visión de las cosas repercutirá en todas las esferas de su vida.

Cuanto más pequeño es un niño, más peligrosa puede resultar la tele y sus noticias. Alrededor de los tres o cuatro años comienza una importante apertura del niño al entorno, comienza a interesarse por la tele, sin poseer las suficientes estrategias y defensas para hacerle frente a ciertos contenidos. Hacia los ocho o nueve años, el niño comienza a separarse de sus padres y a prestar mayor atención a sus compañeros y amigos. Y entre ellos comentarán lo que ven en la tele, jugarán a ello y construirán con la imaginación cuanto les parezca intenso e interesante.

Los padres tienen un papel fundamental en todo este proceso. Se les aconseja:

Limitar el uso de la televisión y propiciar el uso de otros medios. Poca televisión se digiere con facilidad, pero mucha televisión puede desembocar en una indigestión.

Mantener una actitud crítica frente a los contenidos televisivos. Reconocer y demostrar que el mundo no es exactamente como la televisión lo presenta puede facilitar que el niño se forme una imagen del mundo más acorde con la realidad y consigo mismo.

Aceptar las emociones del niño y facilitar su expresión. Si el niño se encuentra en un ambiente de confianza y respeto, en donde padres y familiares sienten realmente cuanto le sucede, tiene mayores probabilidades de encarar con éxito este proceso.

Los verdaderos temores del niño hacen referencia al daño físico y a la pérdida de
los padres. Remarcar que esto no va a suceder y que el conflicto y la catástrofe es algo lejano, le facilita sentirse seguro y tranquilo.

Amor sin sexo o sexo sin amor


Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el 76% de los españoles entiende una relación amorosa como aquella en la que se comparte un afecto fuerte y en la que se mantienen relaciones sexuales.

Un 35% la concibe como una relación estable en la que se comparten sentimientos amorosos pero que no tiene por qué incluir obligatoriamente el sexo. Frente a ello, para un 10% de la población una relación esporádica entre dos personas que muestran una atracción física y que desemboca en una relación sexual, es una relación amorosa.

Aunque la realidad del sexo sin amor ha existido durante muchos siglos de historia, en las últimas décadas esta práctica se observa cada vez de una forma más habitual no solamente en los hombres, sino también en las mujeres. Los contactos sexuales sin sentimientos amorosos de por medio, tienen como objetivo principal experimentar placer y el disfrute que el sexo ofrece, sin ningún tipo de responsabilidades, obligaciones o compromisos de por medio. Aquí es donde encontramos los famosos “choque y fuga”, “fue ayer y no me acuerdo”, “una noche de copas, una noche loca” y todos sus derivados.

La práctica de este tipo de encuentro que se dé de forma libre y sin coacciones no tiene por qué plantear algún problema. Sin embargo, pueden surgir conflictos en el caso de que una de las personas mantenga una relación basada en el compromiso y fidelidad con otra. También, pueden surgir problemas cuando una de las dos personas alberga la esperanza de que ese encuentro pueda dar paso a una relación más estable.

En el caso del amor sin sexo, son muchas las parejas enamoradas que no practican sexo. Son parejas que comparten sentimientos y afectos muy profundos, pero que no encuentran en el sexo una prioridad. Las dos razones principales a las que aluden las personas que eligen esta alternativa son, por un lado, el deseo de mantener la virginidad hasta el matrimonio por creencias religiosas y, por otro lado, la necesidad sentirse seguro en la relación y de superar el temor a un posible engaño.

El problema más notable que presenta esta opción se da cuando uno de los dos miembros de la pareja no la comparte. En estos casos, el miembro no conforme con la decisión puede llegar a sentirse frustrado o incluso rechazado.

Los datos muestran que la mayor parte de la población elige combinar el amor con el sexo. Las parejas que escogen esta posibilidad demuestran una serie de afectos, emociones y sentimientos mutuos. Al mismo tiempo, el sexo resulta también una parte importante dentro su relación como medio para demostrar físicamente los sentimientos que sienten por la otra persona.

El sexo puede ser visto como un encuentro casual, el complemento de la relación o la entrega máxima después del matrimonio y todos los enfoquen son válidos siempre y cuando no nos dañe o afecte negativamente a nosotros mismos y a los demás, por eso debemos encontrar espacios en donde poder escucharnos a nosotros mismos y reconocer cómo nos estamos sintiendo.

lunes, 8 de febrero de 2010

¿Qué es realmente la Orientación Vocacional?

En principio, la orientación vocacional, profesional o para el desarrollo de la carrera, surge como necesidad de facilitar a los alumnos, en especial lo que terminan la educación escolar, la información necesaria para su adecuada inserción en el mundo laboral.

Desde sus orígenes hasta la actualidad ha experimentado cambios significativos y ha pasado de ser una acción puntual, a ser una acción permanente integrada en la dinámica educativa.

Se considera la orientación vocacional como una necesidad esencialmente humana, de contenido educativo, a través de la cual se decide un proyecto de vida formativo o profesional, realizado por medio de una secuencia de opciones o elecciones que se van planteando ante la necesidad de interpretar las cuestiones fundamentales de la vida, y todo ello enmarcado en los contextos familiar y ambiental.

Es así que, hay que tener en claro que los adolescentes pueden no tener muy definido cuáles son sus preferencias e intereses vocacionales debido a una serie de factores, que van más allá del rendimiento académico o nivel cognitivo, entre los cuales estarán la madurez psico-emocional, social y cultural. Con esto, la orientación profesional se debe asumir como meta o finalidad en el desarrollo del individuo a lo largo de toda la vida.

Así pues, la educación vocacional supone el conocimiento de sí mismo, de las ofertas educativas y los itinerarios académicos, del mundo laboral. Solo la integración de todas estas áreas permitirá al adolescente tomar las decisiones más adecuadas.

Para lograr un mayor grado de eficacia en la orientación vocacional, el alumno debe ser el protagonista de los procesos y deberá implicarse de forma activa en sus aprendizajes.

Orientación Vocacional para adolescentes: Acabé el cole y ahora?!

Conforme el término del colegio se acerca, se escucha de parte de los papás, profesores y, en menor medida, amigos, hermanos, vecinos, etc., con más frecuencia preguntas como: ¿ Qué vas a estudiar? ¿Qué has pensado hacer/ ser? O puede darse el caso que en una reunión familiar un tío le pregunte a tu papá/ mamá: “¿Qué vas hacer tu hijo después del colegio?” aun estando tú a su costado.

De un momento a otro, puede parecerte que TODOS se interesan excesivamente en tus planes profesionales futuro y muchas de las veces no toman en cuenta al agente más importante en esto: TU

Ahora bien, no debemos de olvidar que al estar muy próximo a salir del cole te pone en una situación de cierre, el fin de una etapa, de una era. Es posible que por este cambio externo y tangible las personas que te rodean se sientan sumamente pendientes y curiosas (hasta impacientes) de saber sobre tu “decisión”.

Definitivamente, esta presión y exigencia social es real, y en muchos casos pueden crear en ti sentimientos de angustia, ansiedad, desesperación, etc. Por eso es importante que sepas y comprendas que tus decisiones pueden seguir un ritmo diferente al esperado por los demás.

A veces, puede ser “tranquilizador” encontrar una respuesta que tenga cierta aceptación, sin importar si te resulta a TI convincente o no. Otros pueden sentirse en la necesidad de tomarse “un año sabático” para postergar su decisión y explorar ciertos trabajos o proyectos que crean interesarles. Pero… ¿por qué un año?, en realidad el tiempo dependerá no solo de las presiones familiares o sociales, sino que esa decisión recaerá en que tú te sientas listo y preparado.

Es importante que seas conciente de esta presión social y sepas que es padecida por la mayoría de los estudiantes. Esta situación señala algo que seguramente ya sabías: es necesario dejar de ser escolar, abandonar ese lugar conocido para que esas experiencias se conviertan en recuerdos y aprendizaje. Sólo al aceptar el fin de esta etapa será posible empezar a imaginar un lugar diferente, novedoso, que se irá construyendo lentamente.

Muchas veces la angustia que provoca esta despedida (del colegio, los amigos, los profesores, los horarios conocidos, el estilo de las clases, los métodos de estudio, etc) se oculta o se niega, pero aparece en su lugar una enorme confusión, ansiedad, depresión o desgano. Incluso en algunos chicos estos sentimientos se evidencian a través de un muy mal rendimiento escolar el último año, “estirando” así la finalización de esta etapa.

Para poder elegir que forma irá tomando la carrera de tu vida es necesario empezar a imaginar ese proyecto.

lunes, 1 de febrero de 2010

Mamá, quiero un perrito! Por fa! Por fa!


¿Este pedido le suena familiar? Sepa qué puntos tomar en cuenta antes de ceder o denegar el deseo de su hijo.

Un animal no es un juguete, es un ser al que cuidar y del cual estar pendiente. Es probable que en un inicio a los niños les guste tenerlos bajo su responsabilidad, hay que sospechar que puede cansarse y terminarán siendo los adultos los que se ocuparán del animal.

Sin embargo, al traer a una mascota nueva a casa también puede ser visto como la oportunidad perfecta para reforzar no solo la responsabilidad, sino otras habilidades y capacidades de su hijo.

El orden de preferencia para la elección de una mascota de los niños suele empezar por el perro y acabar en el pez, y se debe a la demanda afectiva que tiene cada animal y a las posibilidades de relación que ofrece cada uno.

Es importante llegar a un acuerdo sobre qué animal será el más indicado. Si el que prefiere el niño no puede ser, debemos explicarle el por qué y encontrar alguna alternativa. Y si no podemos hacernos cargo de una mascota, no debemos perder de vista la necesidad que tiene el niño de estar en contacto con los animales y ofrecerle alternativas como ir al parque o pasear al perro de algún familiar o vecino.

Una vez decidido el animal que compraremos, tendremos que repartir las tareas que hará cada miembro de la familia. Este reparto debe tener en cuenta las posibilidades de cada uno y, por supuesto, la edad del niño. Nuestro hijo debe responsabilizarse de las tareas que haya escogido. Si al cabo de un tiempo deja de hacerse cargo del animal, tendremos que hablarlo con él para conocer la causa y saber cómo proceder.

En el caso de que la mascota muera, es importante aceptar la tristeza de nuestro hijo, entenderla y ayudarle a expresarse. No conviene quitarle importancia ni “reponer” la mascota muerta con otra de manera mágica. Quizá es la primera muerte que experimenta y puede costarle un tiempo asimilarlo. A veces, puede ir bien hacer alguna ceremonia para despedirnos del animal.

Tips:

- Informarnos sobre el animal, antes de comprarlo: necesidades, alimentación, espacio, vacunas, higiene, comportamiento, etc.

- Hasta los 3 años los niños son poco capaces de cuidar un animal pero a partir de los 4 ya podrán dar de comer o beber (aunque tengamos que recordárselo) a un animal que requiera pocas atenciones, por ejemplo un gato, un hámster, un conejo o un pez, e incluso ayudarnos a limpiar la jaula o la pecera.

- En el caso de los perros, lo mejor es esperar a los 6 años y elegir uno de raza pequeña. A esta edad podrá encargarse totalmente de su alimentación y más delante de sus paseos.

- Crear, de forma verbal o escrita, un contrato en el que se establezcan las tareas de cada miembro de la familia. Al niño puede serle de gran ayuda tener colgado en la pared o la nevera, una lista con las responsabilidades de cada persona y los días de la semana que debe hacer cada cosa.

¿Por qué los niños no hacen lo que se les pide?

¿Es de lo más normal que un padre tenga que repetirle 20 veces a su hijo pequeño para que haga algo?


Pareciera como que todo lo que se le dice a un niño o cae en oídos sordos o entra por una oreja y sale por la otra. Pero, la realidad es que los pequeños escuchan, sólo que guardan la información para usar más tarde, según un nuevo estudio.

“Realicé este estudio esperando descubrimientos completamente diferentes”, dice el psicólogo Yuko Munakata, de la Universidad de Colorado, Estados Unidos. “Hay muchos trabajos en el campo del desarrollo cognitivo que se centra en cómo los niños son básicamente pequeñas versiones de adultos intentando hacer las mismas cosas que ellos hacen, pero no son tan buenos todavía. Lo que demuestran los resultados es que los niños son totalmente diferentes y hacen cosas diferentes a cómo lo hacen los adultos”.

Munakata y colegas usaron un video juego de computadora y midieron el diámetro de la pupila de los ojos para determinar el esfuerzo mental de niños entre los 3 y 8 años y así estudiar sus habilidades cognitivas.

El juego involucraba enseñarle a los pequeños reglas simples sobre dos personajes de dibujo animado, Blue y Bob Esponja, y su preferencia por diferentes objetos. Se les dijo que a Blue le gustaba la sandía, por lo que tenían que presionar sobre la cara contenta sólo si veían a Blue seguido de una sandía. Si veían a Bob Esponja, tenían que apretar sobre la cara triste.

Los niños mayores encontraron esa secuencia sencilla, porque podían anticipar la respuesta antes de que los objetos aparecieran. Pero los niños pre escolares fallaban en anticiparlo. Ellos pensaban en el personaje sólo luego de haber visto la sandía, o sea, que actuaban luego de los hechos.

Lo que descubrieron los investigadores es que los niños de 3 años no planean el futuro ni tampoco viven completamente en el presente. Piensan en el pasado sólo cuando lo necesitan.



“Por ejemplo, digamos que hace frío afuera y usted le dice a su hijo de 3 años que vaya en busca de su chaqueta a su cuarto y que esté listo para salir. Usted esperará que el niño planee el futuro, que piense: hace frío afuera así que la chaqueta me mantendrá caliente. Pero, lo que sugiere nuestra investigación es que esa no es la forma en que piensa un pequeño de 3 años. Por el contrario, el niño correrá fuera, descubrirá que hace frío y, recién allí, pedirá su casaca y entonces la buscará”. dice uno de los investigadores.

Entonces, Munakata recomienda que uno no trate de que el niño anticipe lo que pasará en el futuro a costa de repetir una y otra vez que se prepare para algo. Lo mejor es que le digan que cuando estén en el patio y haga frío pueden buscar la casaca para poder estar abrigados.

lunes, 25 de enero de 2010

Extrañas Parejas

En su libro “¿Apego, vínculo y/o amor en la pareja?*” Matilde Ureta de Caplansky propone dos posibles líneas de desarrollo para el matrimonio: una de meta y la otra de fosa...


En la primera plantea la importancia que tiene en la pareja la historia compartida que han logrado los cónyuges como parte de un proyecto que los reúne a lo largo de la vida matrimonial o si se convierte en una situación de fosa, es decir, de muerte y destrucción para la pareja.

Aquí un breve apartado sobre lo que Matilde llama “Extrañas parejas”:
“La pareja humana constituye un modo de vínculo intersubjetivo privilegiado, abierto a múltiples y frecuentes extravías y desdichas. Cuando la relación se estabiliza, el encuentro suele ser asintomático y se posibilita así el equilibrio y la compensación afectiva para cada uno de sus miembros. Pero, en general las parejas evidencian conflictos que suelen derivar en convivencias desafortunadas y muchas en separaciones.

¿Cuáles son las causas para que una relación no prospere y no permita, en consecuencia, el desarrollo armónico de cada uno de sus integrantes? Se podría afirmar que lo que acontece habitualmente es que se movilizan desarrollo críticos signados por las siguientes características:

En las parejas conflictivas cada cual intenta recubrir masivamente su falta con la del otro – intento destinado al fracaso, dado que se termina taponeando ficticiamente un vacío con un objeto inasible, conformado por un semblante de nada. Uno le pide a otro que le entregue casualmente lo que éste no tiene, dado que ama en él o en ella el objeto que el otro construye ficcional y exclusivamente a los efectos de seducirlo. Se le dona a la pareja un falta recubierta de espejismos objetales para que la futura pareja se ilusione con la posibilidad – eficaz aunque meramente ilusoria – de la realidad de un encuentro, al que supone capaz de resolver la angustia existencial.
Se ama en el Otro el objeto del cual él también carece y que en el instante del enamoramiento ambos suponen encontrar en esa zona de entrecruzamiento del objeto ideal completante, conformado por las proyecciones recíprocas que dan consistencia a un imaginario, que anuda a dos sujetos por la apariencia completiva que propone. La pareja funda la unión en tanto ésta permite el recubrimiento de dos faltas, que al “completarse” una en la otra, generan la ilusión de que el Todo pleno es posible.
En esta relación dual se despliega las estructuras psicopatológicas de modo tal que la tarea de un psicoanalista frente a la consulta de una pareja debido a dificultades vinculares, debe apuntar fundamentalmente a “separar” la simbiosis que aglutina a ambos integrantes de una relación configurada con un alto gradiente de especularidad, para recién a partir de allí plantear una operación de psicoanálisis individual.
La pareja configura un modo de relación privilegiado para desplegar pactos y encuentros con alto índice de proyeacción especular recíproca, lo que determina un anudamiento gozoso mediante el cual cada uno satisface sus apetencias narcisistas.

La pareja estimula – dada la misma índole de la intimidad sexual – conductas regresivas, las que se deben atemperar, mediante la operación eficaz de un tercero, que “abre” la “simbiosis” y permite que cada cual reintroyecte sus conflictos y pueda así eventualmente resolverlos. Ahora bien, esta operación de mediación simbólica puede efectuarla un psicoanalista, un mediador o un juez, pero a veces la operación de corte se produce de forma actuada, dada la presencia de un tercero – amante, por ejemplo –, el que con su mero posicionamiento en la estructura dual ayuda a triangulizarla, aunque siempre con todos los costos éticos o de sufrimiento sintomático que esto acarrea.

En relación con la elección de la pareja, diremos que aquella configura un destino. Se elige siempre desde los modelos infantiles en el sentido de remedarlos o de oponerse a ellos, y dado que las elecciones matrimoniales se suelen producir en la adolescencia, o en adultez temprana, la influencia de las marcas edípicas es aún más atenuada. Seguramente las segundas elecciones – si no están signadas por la repetición – suelen hacerse desde una posición más elaborada, quizá con mayor distancia simbólica de los objetos primarios. En la primera relación, se suelen agotar la hostilidad y el resentimiento infantil y el sujeto liberado de sus tendencias tanáticas, puede encaminarse a un encuentro menos ambivalente con mayor capacidad de reconocimiento de la alteridad.
La pareja es el resultado del cruce de niveles narcisísticos con niveles edípicos. Pero, tal como afirma Lacan, el amor contribuye a hacerse condescender el goce al deseo, es decir, cuando se ama se protege al Otro de la tentación de instrumentarlo al exclusivo servicio del puro goce, que desconoce siempre la otredad y anula, por ende, toda diferencia.
La violencia que se moviliza en las parejas ante su fracaso y la eventual conducta destructiva que se genera entre los ex miembros de éstas, se funda en la desilusión que esta situación suscita. ”
• Ureta de Caplansky, Matilde (2005). ¿Apego, vínculo y/o amor en la pareja?. Cedapp: Lima. Págs: 54-56.