martes, 22 de junio de 2010

La vida del adulto mayor después de la viudez


El proceso de duelo se inicia inmediatamente después o en los meses siguientes a la muerte de un ser querido. El período de tiempo o de duración varía de persona en persona y varía dependiendo del grado de impacto en el momento de la pérdida, por la personalidad del individuo, y por los recuerdos internos y externos que se posean de la persona fallecida. Además de estar determinado por la identidad y el rol de la persona fallecida, por la edad y sexo de la persona que sufrió la pérdida, por las causas y circunstancias en que esta ocurrió, y por las circunstancias sociales y psicológicas que afectan al sobreviviente.

En la adultez mayor, es importante tener en cuenta que las reacciones del duelo serán más sostenidas en el tiempo debido a que el anciano tiene más dificultades para adaptarse a los cambios. La pérdida es el tema predominante en la vida emocional del adulto mayor. Para ellos la muerte no solo le pone término a la vida, sino que ahora está más presente que nunca. El duelo en el adulto mayor es similar al del niño, debido a que en la senectud se produce una vuelta a la dependencia.

Bowlby plantea que esa actitud de búsqueda o vuelta a la dependencia, se debe a la expresión de la respuesta instintiva a la separación que observamos en la infancia. Este impulso no solo se provoca cuando perdemos a la figura de apego más importante en cualquier etapa de la vida, sino que es específico de los seres humanos. Esto produce una disminución de la capacidad para el duelo. La dependencia que presenta el adulto mayor lo lleva a desarrollar conductas adaptativas a la pérdida. También necesitan un sustituto que les brinde seguridad, ya que la pérdida de la persona querida amenaza esta seguridad. No obstante, en otros casos, no parece haber un intento de búsqueda de sustituto, presentándose conductas autodestructivas, en un aparente intento de reunión con la persona perdida, sin mostrar signos de dolor por esta pérdida. El adulto mayor en condición de dependencia, parecería estar más preparado para su propia muerte que la del objeto de su dependencia.

Ahora bien, la viudez en esta etapa está acompañada de la soledad, entendida como la crisis que se produce por la pérdida de personas queridas. Esta es una de las experiencias más duras a las cuales se ve enfrentado el adulto mayor, el hecho de perder al ser con quien ha compartido una larga etapa de su vida. Es importante el papel que juegan los hijos en esta situación, ya que son ellos quienes deben tratar de aliviar esta soledad.

Durante el primer año de condolencia o duelo, el cónyuge puede estar deprimido, angustiado y hasta tener reacciones fóbicas. Otro punto importante a destacar es el hecho de que debido a que el ciclo de la vida de los hombres es más corto, y estos suelen ser mayores que sus esposas, la situación de viudez es más normal entre las mujeres mayores. Lo cual acarrea una serie de conflictos, no sólo por la muerte del cónyuge sino además por el hecho de tener que enfrentar ahora la vida sola.

Las mujeres viudas aprenden a funcionar en su propia casa sin la presencia de su marido. Ellas además enfrentan numerosos estresores que desafían los recursos adaptativos. También tiene fuertes fluctuaciones en sus recursos financieros. La mayoría de las mujeres siente que la pérdida del esposo es una pérdida de apoyo emocional.

Por su parte los hombres viudos, tienden a sufrir de intensa depresión luego de la muerte de sus esposas, lo cual se traduce en la búsqueda rápida de una nueva pareja para casarse. La persona viuda, entonces, debe reconstruir una identidad cuyo elemento esencial pudo haber sido la persona casada durante la mayor parte de su vida adulta.

Como una manera de tratar el proceso de duelo normal desde la terapia se debe fomentar el deporte así como también el establecer una nuevas relaciones y realizar otras actividades ajenas a lo cotidiano.

domingo, 16 de mayo de 2010

CUANDO SUS HIJOS TENGAN UN PROBLEMA, ¿A QUIÉN QUISIERA QUE RECURRAN PRIMERO?

Cuando usted está con sus hijos y algo o alguien lo perturba, ¿les cuenta cómo se siente? ¿No? ¿Por qué? ¿Alguna vez habla con sus hijos adolescentes sobre lo preocupado que está por una decisión que tiene que tomar? ¿Sí? ¡Muy bien! ¿No? ¿Y cuál es la razón que le impide hacerlo?
¿Cómo pretender que los hijos hablen con los padres sobre los sentimientos que los afligen y los problemas si son los mismos padres los que no hablan sobre sus propias dificultades en frente de sus hijos?
Las investigaciones afirman que los padres son el modelo de conducta más importante en la vida de los niños. En lo que respecta a la comunicación entre padres e hijos, la mayoría de los padres, no usa esta influencia de manera eficaz. Muy pocos padres son conscientes que admitir sus propias vulnerabilidades y debilidades ante sus hijos podría ser visto por un niño o un adolescente como un símbolo de la fortaleza de sus padres. La mayoría de los padres siente que, ante sus hijos pequeños o adolescentes, siempre debe lucir fuerte, tener razón y no tener ansiedades.
Con el tiempo, los jóvenes ven esta “fachada” o “máscara” como lo que realmente es: el encubrimiento de temores y debilidades. Más importante aún es que, a los ojos de un adolescente, esa actitud es vista como falsa y mentirosa. Cuando estos jóvenes necesitan padres emocionalmente fuertes, resistentes y genuinos en quienes confiar y con quienes desarrollarse y madurar, sienten que es justamente con ese tipo de padres con quien no pueden contar.
Esta es una de las razones por las que muchos adolescentes se sienten perdidos o deprimidos, y es entonces cuando recurren a sus pares o a las drogas.
Los padres deben hablar con sus hijos jóvenes, especialmente con los adolescentes, sobre las características particulares de cada uno: cada persona tiene sus propios temores, debilidades y vulnerabilidades. Y cada persona también tiene sus fortalezas.
El hecho de que una persona sea consciente de sus preocupaciones, sus angustias y sus temores, y sea capaz de hablar acerca de ello, es una fortaleza. Tener este tipo de sentimientos no es una debilidad. Todas las personas los tienen. La verdadera debilidad es no ser capaz de hablar abierta y honestamente sobre ellos.

domingo, 9 de mayo de 2010

¿POR QUÉ LOS PADRES NO COMPRENDEMOS A LOS ADOLESCENTES?

Porque somos celosos

¿Cómo aceptar ver a tu propio hijo convertirse en un seductor y tener vida sexual?
“Cuando decimos que los adolescentes tienen comportamientos extraños,” expone Serge Hefez, psiquiatra y psicoanalista, “hablamos de nosotros mismos, de nuestro miedo a envejecer, de nuestra angustia a la separación de estos futuros adultos”. Y este miedo se expresa a través de los juicios negativos y de los rechazos violentos de los adolescentes, esto es lo que Philippe Gutton, psiquiatra, psicoanalista y director de la revista trimestral Adolescente, no duda en llamar “la provocación adulta”.
Si se añade una demanda excesiva a los adolescentes para que estén en forma, para que se interesen por todo, para que no se pongan furiosos, para que sean competentes en la escuela – en resumen, para que correspondan plenamente con las expectativas de los adultos, sin dejar lugar a la expresión creciente de su individualidad y de su individuación -, el conflicto y la incomprensión siempre aparecen.
Yasmin, de 19 años, es un buen ejemplo: “Mis padres están divorciados. Hasta cuarto año de secundaria, todo fue poco más o menos bien, normal. Mi madrastra era más bien “buena”. Y después crecí muy rápido. En un año, llegué a tener una talla de 1.75 metros y un pecho impresionante. Ante esto, su actitud cambió completamente. Se volvió agresiva, hacía comentarios sobre mi forma de vestir, mis amigos… Mi padre no se metía mucho. No lo soporté, no quise ir más a su casa los fines de semana. Y naturalmente, las broncas terribles con mi madre fueron algo habitual. Por eso, me refugié en mi mundo. Me encerré en mi habitación, no les quise hablar más, y en el cole fue una caída en picada”
La irrupción de la “genitalidad” (la sexualidad) dentro del cuerpo y el psiquismo de los niños provoca una profunda modificación en el hogar de los padres. “Nadie puede librarse de este cambio radical en las relaciones, consciente o inconscientemente”, comenta Gutton.
Toda la ambivalencia de las actitudes adultas se encuentra ahí: en el deseo de conservar al adolescente en su status de niño.
Porque los adolescentes hacen todo por no tener compromisos y responsabilidades
Para los jóvenes, la adolescencia es la etapa de la creación de la identidad, diferente de la de los padres. La aparición de esta nueva persona en el seno de la familia se parece a la llegada de un extraño que se impone sin haber sido invitado: “el otro” surge de repente.
Es aquí cuando se imponen las conductas extrañas, aparecen nuevos comportamientos en la indumentaria o en el peinado, se muestra desagradable, se siente mal, fuma, se ríe de forma burlona continuamente, escucha la música muy alta. Son tantas provocaciones juntas para el adulto, que éste puede verlas como una cancelación de su autoridad y de sí mismo.
Aquí también el lenguaje o la forma de expresarse del adolescente entra en juego, ya que “incapaz de usar palabras sobre lo que siente, el adolescente tiende a contemporizar, desfigurando el sentido de la palabra que emplea”, explica Gutton. “Pero, el adulto tiende a la significación literal y léxica de las palabras que escucha”, entonces, se instala el “malentendido”.
Laura, de 16 años, bromeando: “Adoro hablar por teléfono a toda prisa, utilizando la jerga típica de mis amigos sobretodo delante de mis padres. Es muy paja, así los molesto.”
Julieta, de 14 años, no soporta tener que hablar con el “estilo antiguo” de su familia: “Me gusta hablar de forma normal, como nosotros. Pero cuando le digo a mi madre: ‘¡Qué “serio” te queda ese vestido!’, mi papá me corrige: ‘¡Habla bien!’ Grita. El muy tonto…’”
La paradoja está ahí: los adolescentes hacen pruebas, ensayan, buscan, progresan dando brincos para adelante y para atrás, se transforman al hacerse opacos, misteriosos, buscando referencia en territorios desconocidos para los adultos. Pero, es precisamente a través de esta incomprensión deseada, de esta provocación con la que ellos buscan la prueba de su existencia.
Pues se trata de obtener una respuesta, una reacción, una resistencia, que permita verificar que el cambio está en camino.
Y al encontrar las llaves a la incomprensión que ellos mismos experimentan en su propia persona, esta transformación se convierte en fuente de interrogantes, de un sentimiento de “extrañeza familiar”.
Porque los adolescentes se forman con la incomprensión de sus padres
Ya no se trata de que los adultos se acerquen, de que tengan una “comprensión” eterna con los adolescentes. Ya no se trata de que el adolescente cuaje su conducta en un marco rígido. Es todo lo contrario, se trata de descubrir terrenos de encuentro, de intercambio.
¿Cómo hacer para dar al joven el apoyo del que tiene necesidad, ofreciéndole la posibilidad de los intercambios necesarios en la conquista de la individualidad (pasar de estar en la familia a estar fuera de ella)? ¿Cómo no “dejarlo fuera, ni tenerlo encerrado”?¿Cómo ofrecerle también flexibilidad para que esta importante transformación de la “pubertad” se lleve a cabo?

No se acaba de dar una respuesta concluyente. Pero, los especialistas plantean toda una condición previa: los adultos deben salir de la fusión de no proyectarse en sus adolescentes, de encontrar la distancia apropiada (ni mucha, ni poca) y no sentirse al mismo tiempo la causa de todas sus dificultades. Éstas son por un lado inevitables y necesarias. Son parte del aprendizaje. Los adolescentes son seres que huyen de los adultos. Es normal y deseable.
El adulto debe mostrarse abierto a la discusión sobre un tema de actualidad, por ejemplo, o sobre la expresión de rebeldía ante la autoridad escolar. Los adolescentes atienden a los adultos que les hablan de estas cosas: de política, de sus propios recuerdos de juventud… A partir de este momento, el joven está al corriente de un lenguaje que favorece la relación.
Un adolescente que habla de los problemas de la sociedad, de la actualidad, que busca la discusión – incluso si lleva al enfrentamiento – es un adolescente que va por el buen camino. Porque la adolescencia es también este periodo magnífico de la vida al que todos llegamos por primera vez, el de la mirada nueva al mundo, donde todo es posible, el de la pureza de los sentimientos (de los sentidos que aún no han sido erosionados por los años), el de sensaciones fuertes y también de la soltura.

domingo, 2 de mayo de 2010

Nuevos Transtornos por Sobreestimulación en niños

Niños en edad de guardería que sólo balbucean frases de dos palabras.

Escolares de primaria que no pueden concentrarse para hacer las tareas más simples: hoy en día hay que hacer frente a estos nuevos “trastornos crónicos”.


Interesante artículo chileno nos informa sobre un tipo de nuevo trastorno que padres, educadores y profesionales de la salud vemos cada vez más en nuestro medio.

“Estamos experimentando cómo en los niños va en aumento el déficit de desarrollo y los comportamientos alterados a consecuencia de una creciente sobreestimulación a través del ordenador y la televisión, donde al mismo tiempo se observa un apoyo familiar pobre, que entorpece persistentemente el desarrollo social e intelectual. Tenemos que tratar estos nuevos trastornos infantiles con nuevos conceptos terapéuticos, de lo contrario vamos a perder una generación completa,” dice Thomas Fischbach, presidente de Pediatría.

Según el doctor Antonio Pizzulli, “sobre todo se trata de niños de familias discriminadas socioeconómicamente y por falta de formación. Estos niños no es que estén menos dotados que otros desde su nacimiento, sino que su déficit de desarrollo se debe a un apoyo pobre tanto dentro como fuera de la familia.” La falta de propuestas y al mismo tiempo el “apalancamiento” delante del ordenador, la playstation y el televisor lesionan el cuerpo, la mente y la psique de estos niños y causan los nuevos trastornos infantiles.

Ya el 35% de todos los niños entre 8 y 12 años utilizan Internet. Este de por sí desarrollo positivo conlleva ciertos peligros: tanto los chicos como las chicas tienen acceso a lo que ofrece Internet de forma incontrolada; se enfrentan a imágenes que no pueden asimilar.

Por desgracia, la mayoría de los niños también pasan demasiado tiempo delante de la televisión. Los niños de 3 a 5 años pasan una media de 76 minutos al día delante de la pantalla del televisor, los niños de 10 a 13 años unos 113 minutos. Un papel importante lo juega el acceso al televisor. Así, los niños – sobre todo los adolescentes – con aparato propio ven más tele que aquellos que no poseen uno. En estos momentos, uno de cada tres niños con una edad de entre 6 a 13 años dispone de un televisor propio – tendencia que va en aumento, como ha puesto de manifiesto la Unión para la Investigación de Medios Pedagógicos Südwest.

El consumo de tele excede en muchos niños la capacidad de asimilar todas las impresiones, los estímulos y las cargas emocionales que recibe la psique. Las consecuencias son obvias: los niños en edad escolar “zapean” en clase como con la programación de la tele, porque los medios suministran las informaciones en secuencias cortas y los niños se acostumbran al cambio rápido de imágenes.


Los profesores y las profesoras constatan con preocupación que muchos niños tras el fin de semana o los días de vacaciones se sientan en las aulas totalmente agotados y sin capacidad de concentración y apenas pueden seguir la clase. “Esta evolución que produce preocupación se confirma científicamente: por término medio, los niños ven mucha tele durante el fin de semana.
El momento álgido del uso que hacen de la televisión se encuentra entre las 18:45 y las 20 horas. Los viernes a las 21:45, aún uno de cada cinco niños se encuentra delante del televisor, los sábados a las 22:45, son por lo menos un diez por ciento de los niños.

Las escenas de violencia y terror que se enseñan en muchas películas pueden desencadenar comportamientos alterados y, en el peor de los casos, incluso reducir la capacidad para frenar la disposición a usar la violencia. Incluso en películas supuestamente para niños pueden aparecer escenas cuya idoneidad para los pequeños teleespectadores puede ser muy dudosa. La muerte de un animal en un telefilme puede ser en cierta forma más triste y abrumador para un niño que el reportaje de una catástrofe natural con numerosas víctimas.

EL USO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: EVITAR LAS CARGAS PSÍQUICAS

Las escuelas y las guarderías no pueden igualar este déficit, pero tampoco, unas medidas terapéuticas como la “ergoterapia” o la “logopedia” tampoco pueden compensar un desarrollo deficitario causado por una crianza pobre.

Los padres deberían ocuparse en serio de los peligros de la sobreestimulación. Cuando en el tiempo libre hacen muchas cosas con sus hijos y les muestran su atención y cariño, potencian en cualquier caso su salud psíquica.

El uso del ordenador y la televisión deberían completar sólo de forma sensata el desarrollo de los niños y no acaparar por completo su tiempo libre. Los padres pueden ser un buen modelo en este contexto y enseñar a sus hijos un manejo consciente de los medios.

Además, es importante que al final de una emisión televisiva los niños puedan conversar con los adultos sobre el contenido. Estos pueden aclarar escenas con carga emocional, tranquilizar y consolar. A menudo, es suficiente con escuchar con atención cuando los niños cuentan lo que han visto.

domingo, 25 de abril de 2010

DEPRESIÓN Y ADOLESCENCIA: INQUIETANTE COMBINACIÓN



Hoy en día el 90% de todos los suicidios se atribuyen a trastornos psíquicos, la mayoría de ellos como consecuencia de una depresión. Por esta razón, hay que buscar información de este trastorno sobre los adolescentes.

La depresión es un trastorno que, en ocasiones, pone en peligro la vida y va acompañada de una carga de sufrimiento más grande que en la mayoría de otros trastornos. Para muchos de los afectados, el estado es tan insoportable que desean dormirse para no despertar más. Por su desesperación no es raro que lleguen a pensamientos en los que se encuentra el quitarse la vida. Esto también se puede aplicar a los adolescentes.
Sobre la depresión en adolescentes, Klaus Jost del centro de orientación psicológica para padres, niños y jóvenes en Offenbach escribe: “El número de intentos de suicidio en personas jóvenes aumenta. Llegan al suicidio de diez a veinte veces más. Esta cifra tenebrosa es alta. Muchos de los intentos de suicidio no son reconocidos como tales. Sin embargo, se producen gritos de auxilio a tomar muy en serio. Estos niños y adolescentes no quieren morir realmente. Simplemente no ven otro camino para llamar la atención sobre su penuria y desesperación personal. Los componentes importantes en el suicidio son el estado de ánimo depresivo unido a la falta de esperanza y de salida”.
Los jóvenes que no sienten que su vida tiene sentido dan numerosas indicaciones a través de señales, amenazas, imágenes, cartas de despedida, medidas concretas preparadas de antemano, sueños y fantasías de autodestrucción, reclusión. Los comportamientos desadaptativos son frecuentes, pues, si las circunstancias lo requieren, los jóvenes proceden de una forma totalmente diferente a lo usual.
Ahora bien, en un sentido coloquial, todo el mundo ha tenido depresión alguna vez. Los especialistas lo llaman “disonancia depresiva”, y es propia de la vida al igual que los sentimientos de felicidad o “el cosquilleo en el estómago”. Es importante diferenciar entre la disonancia depresiva y la depresión que necesita tratamiento, pues si no se encuentra, no se tomará en serio el sufrimiento de una persona con trastorno depresivo.
Al menos el 10% de todos los jóvenes han vivido uno o más episodios depresivos dignos de tomar en serio hasta que entran en la edad adulta. Jost aclara que la presencia al mismo tiempo de otros trastornos junto a la depresión es un problema general para el diagnóstico y la terapia de los trastornos depresivos en la edad adolescente.
Antes de realizar un diagnóstico de “episodio depresivo”, tiene que estar claro que no existen ninguna enfermedad física y ningún consumo de drogas o de medicamentos, más aún, que la disonancia depresiva no muestra ninguna reacción a la muerte de una persona cercana. “Los niños y adolescentes con ligeros trastornos depresivos aún atienden las actividades escolares y sociales en su mayor parte. Con trastornos depresivos graves se unen una considerable pérdida de autoestima así como unos sentimientos pronunciados de falta de valor y culpabilidad personales. Los síntomas físicos pero también los pensamientos y los preparativos de suicidio son corrientes. Los niños y los adolescentes afectados ya no pueden hacer frente la vida cotidiana.
La depresión en los adolescentes va acompañada a menudo de una conducta agresiva-disocial, falta de atención y trastornos del miedo (a las separaciones, a la oscuridad), consumo de drogas y alcohol, trastornos alimenticios y/o fobia social.
¿Cómo se protege a los adolescentes de los trastornos depresivos? Para la organización y desarrollo de planteamientos de prevención son importantes los siguientes aspectos de protección:
• Estructuras familiares protectoras en situaciones graves.
• Relaciones familiares seguras como condición previa de una autoconfianza estable del adolescente.
• Aceptación, tolerancia y apoyo en el grupo de personas de la misma edad (espacio importante para probarse a sí mismo y desarrollar cualidades como la competencia social, la autoafirmación y la capacidad de autoafirmarse).
• Aprendizaje de estrategias para la solución de problemas y sensación de soledad.

Incluso después de realizar con éxito un tratamiento, los niños y jóvenes con depresión presentan un alto riesgo de recaída. Por lo que, por un lado, se recomienda un asesoramiento adicional a largo plazo del afectado.

¿Qué pueden hacer los padres, profesores, amigos, compañeros de clase y parientes, cuando tienen la sensación de que una joven o un joven se recluye, no se interesa por nada, reacciona por lo general con apatía y sin entusiasmo, muestra síntomas de desesperación, es “totalmente otra persona” a lo que era?

Lo más importante es dirigirse a ellos, interesarse por ellos, por sus intereses, por sus preocupaciones y cosas que les agobian, tomarlos en serio, preocuparse por ellos, en el verdadero sentido de la palabra, apoyarlos en seguida en todas aquellas cosas que, si es posible, aún les aporten alegría y sean apropiadas para fortalecerles la autoestima y se debería buscar, de forma paralela, la ayuda y el apoyo de profesionales.

75% de adolescentes peruanos reciben influencias de su entorno que les induce a comportamientos de riesgo




Según investigación "Estilos de vida de los adolescentes peruanos" de la Universida de Piura, que tomó como muestra al rededor de 400 adolescentes, hombre y mujeres, de entre 13 y 18 años de edad de Lima Metropolitana.

  • El 19,5 % de los adolescentes con edades entre 13 y 18 años declaran haber tenido relaciones sexuales alguna vez. El 48,5% no usó preservativo.

  • Un 87,5 % cree que en el Perú tendrá oportunidades de estudio tras terminar la secundaria y sólo el 69,8% cree que tendrá oportunidades de trabajo.
El estudio revela que la mayoría de les adolescentes peruanos que ya inició su vida sexual, lo hizo de forma inesperada, ya que de este grupo el 26,7% confirmó no haber estado totalmente de acuerdo y menos de l amitad usó preservativo.
Tener la primera relación sexual por amor fue el motivo más importante sólo para el 15,4% de los varones y el 36% de las mujeres. Así mismo,. se observan causas vinculadas a la presión y estímulos del entorno (principalmente en varones), que debn ser advertidas por padres y educadores: "no querer ser diferente"," consecuencia de imágenes", "pensar que mi pareja me dejaría", " no saber decir que no", "haber consumido drogas o alcohol".

Quienes no usaron preservativo lo hiiceron principalemte porque la relación sexual fue inesperada y no por carecer de información o porque le resultó difícil obtener uno.

La educación de la sexualidad durante la adolescencia tiene una importancia fundamental para el proceso de maduración. El estudio revela que chicos y chicas desean que en casa y en la escuela les ayuden a entender y controlar el torrente de emociones que experimentan.

"¿Cómo manejar mis sentimientos?", "¿Qué significa enamorarse?", "Cómo saber si la persona con la que salgo es adecuada para construir un futuro juntos", son los temas preferidos de los adolescentes para conversar con sus padres. A pesar de este deseo, la fuente habitual en temas de amor y sexualidad son los amigos (45,8%), seguida de la madre (39,7%) y con bastante distancia el padre (19, 1%).

El interés por los temas afectivos se traslada también a la escuela. Se ha comprobado que la educación sexual recibida fuera en el colegio se concentra sobretodo en temas biológicos, a pesar de las expectativas de los escolares. En este punto, los investigadores proponen que las escuelas, apoyándose siempre en los padre, incluyan los temas afectivos en la currícula.

Por otro lado, más de la mitad de adolescentes muestra bastante interés por conocer la historia y costumbres, y la situación política del país, y desean que sus padres les hablen más de estos temas. Así mismo, el 71,9% refiere que en sus colegios "aprende a querer a su país". Un 87,5% cree que en el Perú tendrá oportunidades de estudio tras terminar la seundaria y solo el 69,8% cree que tendrá oportunidad de trabajo.

sábado, 3 de abril de 2010

Niños Genios



En este artículo vamos a centrar nuestro interés en la falta de motivación por el aprendizaje escolar de algunos niños que quizás son demasiado inteligentes y por ese motivo se aburren en las clases. Hablamos en este caso de los niños superdotados.
Algunas personas son más capaces de retener información, hacer asociaciones, inferir, tomar decisiones y resolver problemas que otras. Así, en el colegio algunos alumnos aprenden fácilmente mientras que otros, con el mismo profesor y los mismos libros, parecen mostrar más dificultades en aprender los mismos contenidos.

En esta oportunidad y por tratar el tema de la inteligencia ligada a la educación tradicional, nos referiremos a un concepto de inteligencia que engloba tres funciones:
1. Capacidad para tratar con abstracciones.
2. Capacidad para aprender palabras y símbolos.
3. Capacidad para la resolución de problemas o situaciones nuevas.
El grupo de individuos que por exceso o por defecto sobresalen de la medida general de inteligencia (Coeficiente Intelectual) que evalúan los tests de Inteligencia son considerados "excepcionales" y dentro de este grupo podemos encontrar aquellos cuyo C.I. está muy por encima del rango de valores esperados. Los rasgos que podemos considerar más característicos de los niños superdotados son los siguientes:
• Desarrollo temprano tanto físico como mental.
• Curiosidad por el mundo que le rodea. Deseo constante de incrementar su saber.
• Interés vivaz en todo tipo de enciclopedias, manuales siempre en busca de una mayor información.
• Aprendizaje fácil y rápido.
• Intensa concentración que a veces roza la obsesión.
• Gran facilidad en las operaciones de tipo lógico como por ejemplo aquellas que incluyen el abstraer, el analizar o el generalizar.
• Óptima habilidad para la comprensión inmediata a la vez que poseen una gran facilidad para comunicar lo entendido.
• Tienen talento, es decir, una capacidad de ejecución poco habitual y en un área específica.
• Se muestran creativos en el aprendizaje, es decir, son capaces de proporcionar nuevas hipótesis utilizándolas para imaginar las consecuencias de posibles soluciones nuevas y aún no comprobadas.
• Suelen estar ocupados en diferentes actividades al mismo tiempo.
• Su vocabulario es amplio y complejo.
• Gran capacidad de organización.
• Preferencia por compañeros de edad superior tanto en su vida social como en los juegos.
A menudo estos niños son pasados por alto dentro de un grupo escolar y acaban aburriéndose de la lentitud de los aprendizajes. Pueden tener problemas con el resto de compañeros de su clase precisamente por su "excepcionalidad" y la marginación a la que son conducidos puede fácilmente llevarles al fracaso.
La detección de este colectivo de niños es el primer paso en la prevención del fracaso y así llegar a poder conducir y enriquecer su rebosante creatividad.
El colegio puede apoyar al desarrollo de las capacidades de estos niños enriqueciendo su programa escolar, dándole clases especiales y adelantándolo de grado siempre y cuando él niño se muestre lo suficientemente desarrollado emocionalmente como para sopesar todos los cambios. En su entorno socio-familiar se deberá incidir fundamentalmente a nivel de orientación y guía para los padres, ya que no hay que olvidar que el niño “genio” es ante todo es un niño que puede presentar problemática emocional.